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viernes, 18 de enero de 2013

Sobrevaloración del currículum o ¿la carta mágica?

Autoras/es: Jorge Mosqueira  | LA NACION
La presentación gráfica o electrónica del currículum vítae o simplemente CV se encuentra sobrevaluada. Tal vez se trate de la influencia marcada por las facilidades de diseño de los distintos programas de computación actuales, pero la tendencia no es una novedad, ya que viene creciendo desde antes de nuestra edad de oro de la informática, cuando se la confeccionaba a mano o con una simple máquina de escribir.
En épocas de altísimos índices de desocupación, allá por los 90, alguna consultora de gran prestigio y pocos escrúpulos llegó a cobrar 50 dólares por la simple confección de un CV. El mercado, en ese entonces, era la gran masa de gente sin trabajo, la mayoría de ella con tantos años de antigüedad que se había olvidado completamente de cómo se hacían esas cosas y, a pesar de su difícil situación económica, decidían derivar sus escasos fondos personales a la carta mágica que les permitiría retornar a un empleo.
Hoy día sigue siendo motivo de preocupación, como si la llave de entrada a una empresa fuera con exclusividad el diseño del CV.

Franz Kafka, además de ser uno de los mayores escritores de todos los tiempos, inauguró algo así como el periodismo de anticipación. Esto fue al principio del siglo XX. Por supuesto, no previó el auge de LinkedIn u otros programas por el estilo, sino que construyó enormes metáforas de la sociedad que se iba generando, a través de sus novelas y cuentos. Cada uno de sus textos mantiene una actualidad que todavía asombra a no pocos.
Su novela El castillo trata de un agrimensor que llega a un pueblo, contratado por el Conde Westwest (nombre significativo, si los hay), dueño y señor del condado. Toda la novela trata sobre la imposibilidad de acceder no sólo al conde, sino al castillo donde debía ejercer su profesión. Es un símil de lo que sigue sucediendo, sin castillos pero con corporaciones o empresas que lucen inaccesibles para aquellos que desean incorporarse a ellas. La pretensión más inmediata es ser llamado para cruzar las puertas de la fortaleza. Una cita, una posibilidad de presentarse de cuerpo entero, una manera de ser reconocido y, por lo menos, incrementar la autoestima: "Me llamaron. Quiere decir que a alguien le intereso", es la conclusión, más allá de que el contrato laboral se concrete o no. En este punto es donde la presentación del CV se convierte en talismán.
La realidad es más compleja, por desgracia, pero a la vez bastante simple. El CV es una carta de presentación, sin duda, pero parcial. Es un mensaje enviado a un desconocido que la leerá en algún momento de su vida luego de haber dormido mal o en la plenitud de sus facultades, no se sabe. Carga con sus prejuicios y gustos personales, que son tan variados como gente en este mundo. La experiencia y el desempeño profesional tienen mucho que ver con esta situación en la que el selector se enfrenta con un CV, pero no garantiza la uniformidad de criterios. Interviene aquí también el azar.
Desmitificando la cuestión, sólo se trata de una carta que debe ser fácilmente comprendida. Debe contener cuatro segmentos: quién soy, cómo comunicarse conmigo, qué hice y qué pretendo hacer, todo ello en pocas palabras, previendo la fatiga del futuro lector, quien finalmente decidirá si se contacta o no. En este tramo interviene el azar. El selector puede admirar los diseños espectaculares o abominarlos. En cualquier caso, a no desesperar y ser perseverante. Nadie es culpable por no haber acertado con los números de la lotería.
jorgemosqueira@gmail.com.

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