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jueves, 22 de marzo de 2018

Sor Juana Inés de la Cruz, exponente literario y educativo del Siglo de Oro español

Autoras/es: Alberto López para El País
La religiosa mexicana fue una erudita autodidacta que desafió los privilegios de los hombres y se convirtió en una de las escritoras más prolíficas del siglo XVII.

En el México del siglo XVII, entonces conocido como Nueva España, el acceso a la educación y la curiosidad por el aprendizaje eran dos aspectos celosamente reservados y guardados por el clero masculino que, una vez más, excluía a las mujeres. Mucho antes de la lucha de clases y de los derechos universales, una mujer, religiosa para más señas, sor Juana Inés de la Cruz, eligió desafiar esta situación de desigualdad y lo hizo con las mismas armas: la educación, la erudición y la escritura.
(Fecha original del artículo: Noviembre de 2017)

Tanto destacó sor Juana Inés de la Cruz en el campo literario que, 322 años después de su muerte, su trabajo y su legado siguen siendo reconocidos a nivel nacional e internacional a pesar de no tenerlo nada fácil, ya que tuvo que enfrentarse hasta con los religiosos con quienes convivió porque no se veía bien que una mujer manifestara curiosidad intelectual e independencia de pensamiento.

Sobre Juana Inés Ramírez de Asbaje y Ramírez de Santillana, que era su verdadero nombre, no está clara la fecha de su nacimiento, aunque se cita como más probable el 12 de noviembre de 1651, si bien hay fuentes que fijan la fecha en 1648. Fue hija de la criolla Isabel Ramírez y del capitán de origen vizcaíno Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca, quienes se conocieron en San Miguel Nepantla, Estado de México, y donde nacieron sus tres hijas: María, Josefa y Juana Inés.

Sor Juana Inés de la Cruz fue una niña prodigio, ya que aprendió a leer y a escribir a los tres años, a los ocho ya escribió su primera loa eucarística y aprendió latín en solo 20 lecciones. Estudiaba en la biblioteca de su abuelo en la Hacienda de Panoayan, algo de por sí ya llamativo en un tiempo en el que las mujeres no tenían acceso a la educación ni a la cultura. 

En 1659 se trasladó con su familia a la capital mexicana, donde ya destacaba por su talento y precocidad. A los 14 años, la adolescente Juana Inés fue nombrada dama de honor de Leonor Carreto, esposa del virrey Antonio Sebastián de Toledo. Por sus aptitudes, fue apadrinada por los marqueses de Mancera y brilló en la corte virreinal de Nueva España por su erudición, su viva inteligencia y su habilidad para componer poemas. 

A pesar de la fama que ya tenía Juana Inés, en 1667 ingresó en un convento de las Carmelitas descalzas de México, al parecer invitada por su confesor, el poderoso jesuita Antonio Núñez de Miranda. Sin embargo, solo estuvo cuatro meses y lo abandonó por problemas de salud. Dos años después ingresó en un convento de la Orden de San Jerónimo, donde realizó los votos perpetuos y permaneció el resto de su vida. Atendiendo a sus escritos, parece que pudo más el convento a la vocación matrimonial para poder seguir disfrutando y cultivando sus aficiones intelectuales: "Vivir sola... no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros”, escribió.

Su celda se convirtió en punto de encuentro y reunión de escritores, poetas, filósofos e intelectuales de la época, incluidos el nuevo virrey, Tomás Antonio de la Cerda, marqués de la Laguna, y de su esposa, Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes, con quienes le unió una profunda amistad. En ella también llevó a cabo experimentos científicos, reunió una nutrida biblioteca con más de 4.000 volúmenes gracias a los cuales adquirió conocimientos de teología, astronomía, pintura, lenguas, filosofía,… compuso obras musicales y escribió una extensa obra que abarcó diferentes géneros, desde la poesía y el teatro hasta opúsculos filosóficos y estudios musicales. 

Durante una década sor Juana Inés de la Cruz aprendió rodeada de lo más granado de la cultura mexicana masculina y poco a poco moldeó su estilo de escritura, que varió de lo filosóficamente serio a irreverentemente cómico, muy al límite de lo profano.

Una primera enfermedad del tifus la puso en verdadero peligro en 1671, pero su buena relación con la Corte le permitió contar siempre con todo tipo de ayuda y le facilitó escribir más cada día. En 1676 se publicaron algunos de sus villancicos que continuaría escribiendo hasta 1691.
En 1680 compuso el ‘Arco Triunfal del Neptuno’, alegórico de sus virreyes amigos, los marqueses de la Laguna. A partir de este momento, la fama de sor Juana y su madurez en las letras van llegando del mismo modo que los apoyos económicos para sus proyectos personales y conventuales.

Los poemas de sor Juana Inés la iban consagrado más que como monja como una poeta de la vida, del amor y de los requiebros de los desamores, pero además de su poesía, escribió dos comedias de teatro, 'Los empeños de una casa' y 'Amor es más laberinto'.

En 1690 los escritos de sor Juana Inés fueron tachados de demasiado mundanos, por lo que el obispo de la ciudad de Puebla le aconsejó que se centrara en la religión y dejara los asuntos seculares a los hombres. La contestación de sor Juana fue escribir ‘La Respuesta a sor Filotea de la Cruz’, un manifiesto que defiende el derecho de la mujer a la educación y en el que citó a un famoso poeta aragonés para reivindicar el papel femenino en el conocimiento y la educación: “Uno puede perfectamente filosofar mientras se cocina la cena”.

'La Respuesta' es también una bella muestra de la prosa de sor Juana Inés y contiene abundantes datos biográficos a través de los cuales podemos concretar muchos rasgos psicológicos de la religiosa. Sin embargo, a pesar de la contundencia de su réplica, la crítica del obispo de Puebla la afectó tanto que vendió su biblioteca y todo cuanto poseía, destinando lo obtenido a beneficencia y consagrándose por completo a la vida religiosa.

El 8 de febrero de 1694 Sor Juana Inés de la Cruz ratificó sus votos religiosos, pero el 17 de abril de 1695, a las tres de la mañana, murió víctima de la enfermedad epidémica de la época, el tifus. Murió mientras ayudaba a sus compañeras enfermas durante la epidemia que asoló México ese año.

Sor Juana Inés de la Cruz fue sepultada en el coro bajo de la iglesia del templo de San Jerónimo, donde en la actualidad se asienta la Universidad Claustro de Sor Juana, en esta capital.

Gracias a sor Juana Inés de la Cruz, cuya obra sigue vigente y siendo una referencia, la poesía del Barroco alcanzó con ella su momento culminante y al mismo tiempo introdujo elementos que  anticipaban a los poetas de la Ilustración del siglo XVIII.

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sábado, 17 de marzo de 2018

Yo, la peor de todas, de María Luisa Bemberg. Película completa

Autoras/es: María Luisa Bemberg
Yo, la peor de todas es una película argentina de 1990, dirigida por María Luisa Bemberg y protagonizada por Assumpta Serna, Dominique Sanda, Hector Alterio, Lautaro Murua, Graciela Araujo, Alberto Segado, Gerardo Romano, Franklin Caicedo y Hugo Soto. Se estrenó el 9 de agosto de 1990.
(Fecha original del artículo: Agosto 1990)


Sinopsis 

Inspirada en el ensayo Las trampas de la fe, de Octavio Paz, esta historia narra los últimos años de la célebre y bellísima Juana Inés de la Cruz, conocida en México como la Décima Musa, que se encierra a los veinte años en un convento para poder estudiar. En esa época colonial, México está fuertemente custodiada por la Corona de España y por la Iglesia Católica, dos poderes muchas veces enfrentados. Toda la vida de Sor Juana está marcada por esas dos fuerzas. Los virreyes la protegen. La Iglesia desaprueba a una monja que no solo enseña canto a sus alumnas, sino que también se dedica a la astronomía, la poesía, el drama, la filosofía y la teología. Tampoco ve con buenos ojos los apasionados sonetos dirigidos a la virreina, la dulce Marquesa de Laguna. Sor Juana paga muy caro su fervor poético y más aún su atrevimiento teológico. Al regresar a España los virreyes, queda sola frente a su confesor, Calificador de la Inquisición, y al arzobispo de México, un misógino fanático que hace levantar las baldosas del arzobispado si ahí hubiera pisado una mujer. También el obispo de Puebla le tiende una trampa, en la cual Sor Juana cae con la ingenuidad de los inocentes. El cerco se va cerrando sobre ella. Finalmente, termina renegando de sus voces, de su inmensa fuerza creadora, de su talento.

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martes, 13 de marzo de 2018

Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. Octavio Paz. Libro completo

Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz,
Miguel Cabrera, ca. 1750
(castillo de Chapultepec).
Autoras/es: Octavio Paz
La fascinación de Octavio Paz por la figura de sor Juana Inés de la Cruz tiene su primera expresión escrita en un breve ensayo de 1950 en el cual se encuentran comprimidas sintéticamente varias de las ideas desarrolladas con más extensión en este ensayo Las trampas de la fe, donde el autor establece una relación biográfica con la monja novohispana.
La vida y la obra de sor Juana aparecen en estrecha comunicación con la historia de la sociedad en que le tocó vivir y el mundo de la Nueva España en la última mitad del siglo XVII. De tal modo, Paz realiza una construcción de la figura y las acciones de Sor Juana a través de su vocación como intelectual, escribiendo esta obra desde un lugar de enunciación situado en un tiempo específico y un espacio determinados.
Su propósito es interpretar y estudiar las compenetraciones y las intersecciones de estas realidades dentro de un sistema de vasos comunicantes. De ahí que el autor se apropie de varios modelos metodológicos sin subordinarse a ninguno.
Esperamos que disfruten la lectura de este libro.
(Fecha original del libro: 1982)

Fuentes: 

Anthony Stanton (1990), Octavio Paz. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. México: Fondo de Cultura Económica, 1982. En Literatura Mexicana, revista semestral del Centro de Estudios Literarios, Vol. 1, Núm. 1, Instituto de Investigaciones filológicas de la FFyL de la UNAM, México. Disponible en https://revistas-filologicas.unam.mx/literatura-mexicana/index.php/lm/article/view/833/832https://revistas-filologicas.unam.mx/literatura-mexicana/index.php/lm/article/view/833/832 (sitio consultado el 13/03/18)

Mónica Quijano Velasco (2009), Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe: una fábula intelectual. En Iberoamericana, Nueva época, Año 9, No. 33, pp. 7-26. Editorial Iberoamericana / Vervuert, España. Disponible en http://www.iai.spk-berlin.de/fileadmin/dokumentenbibliothek/Iberoamericana/33-2009/33_Quijano_Velasco.pdf (sitio consultado el 13/03/18)

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martes, 22 de noviembre de 2016

Cecilia Grierson, la primera médica argentina: hoy es su cumpleaños...

Autoras/es: Stella Maris Torre
(Fecha original del artículo: Octubre de 2011)
Cecilia Grierson
1859 -1934

Primera Médica Argentina
Nació en Buenos Aires, su familia explotaba campos en Entre Ríos, se desempeño como maestra rural. Pese a que ninguna mujer había osado emprender la carrera de medicina. Después de superar los obstáculos iniciales, logró titularse en 1889. Se inició en el Hospital San Roque, hoy Ramos Mejía, e instaló su consultorio. Poco antes fundó la primera escuela de enfermeras y en 1892 hizo lo propio con la Sociedad Argentina de primeros Auxilios. En 1889 fue a Londres invitada por el Consejo Internacional de Mujeres y se le encargó la fundación de la rama argentina, los que realizó al año siguiente. Estudió entonces los métodos para el tratamiento de ciegos y sordomudos y en Buenos Aires estableció el Instituto de Ciegos. En París asistió a las mejores clínicas de obstetricia y ginecología. Desempaño cargos relacionados con su profesión y publicó trabajos como La educación del ciego y Cuidado del enfermo. Se retiró a vivir en Los Cocos, Córdoba, localidad al que donó una escuela, así como una casa de descanso para maestros y artistas.

A 157 años de su nacimiento, te invitamos a revisitar nuestro artículo:

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lunes, 14 de noviembre de 2016

DÍA MUNDIAL DE LA DIABETES: Frederick Banting, el descubridor de la insulina

Hoy es el 125 aniversario del nacimiento de este científico canadiense
Autoras/es: El país
(Fecha original del artículo: Noviembre 2016)



En el verano de 1921, el profesor Frederick Banting descubrió, junto con su alumno Charles Herbert Best, la insulina, la hormona que metaboliza los hidratos de carbono y cuya ausencia es la causa de la diabetes. El profesor de la Universidad de Toronto (Canadá) recibió el Premio Nobel por este hallazgo y el ayudante  se quedó sin él, pero Frederick Banting lo compartió con Best. Gracias al trabajo de ambos científicos descubriendo una sustancia considerada entre los productos farmacológicos más eficaces del mundo, millones de seres humanos, enfermos de diabetes, cambiaron su condena a muerte por una existencia normal. Pasaron de tener que morir por diabetes a poder vivir con diabetes.

Fue una perra llamada Marjorie, el 6 de agosto de 1921 en Canadá, el primer animal diabético del mundo que recibió extracto de páncreas o insulina en su estado más primitivo para paliar el déficit de esta hormona crucial para que las células de organismo asimilen la glucosa de la sangre, su alimento. De aquí a la prueba en humanos, a la producción industrial y al Premio Nobel por el descubrimiento pasó sólo un año y medio, un insólito récord en la ciencia médica.

En diciembre de 1921, intentaron el primer ensayo en una persona, pero falló. El 11 de enero de 1922, Leonard Thompson, de 14 años y diabético desde los 12, recibió una inyección de extracto de páncreas. Tras un tratamiento con una versión purificada del extracto primitivo para elimar contaminantes tóxicos, se logró una mejoría sensacional en el paciente. Leonard fue el primer ser humano a quien se eliminaron los síntomas de la diabetes con extracto de páncreas.

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jueves, 16 de junio de 2016

Manuel Belgrano, la historia desde los próceres

Autoras/es: Educ.ar
Para trabajar esta importante fecha patria, te ofrecemos materiales y recursos para reflexionar sobre diferentes significados y dimensiones la figura tradicional de Manuel Belgrano.  
(Fecha original del artículo: Junio 2015)
Contar la historia desde los próceres es siempre una buena forma de aproximarnos a ella: son personalidades y vidas que despiertan entusiasmo e identificación. Sin embargo, casi siempre el superhéroe le gana al hombre; lo fantástico le gana a lo real. Y, en ese proceso, se pierde la profundidad y complejidad de sus vidas, pero también de los tiempos y contextos históricos en los cuales tuvieron lugar.

Con las actividades que presentamos a continuación, nos proponemos revisar la construcción de la figura de Manuel Belgrano en la historiografía argentina. Las propuestas de trabajo tienen el objetivo de propiciar una discusión sobre la necesidad de ampliar la mirada tradicional con otros aspectos relevantes que hacen a la personalidad de Belgrano en su contexto histórico y político.

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Manuel Belgrano: ante todo, la educación

Autoras/es: Educ.ar
Espacio para trabajar acerca de las ideas educativas de Manuel Belgrano durante sus primeros años en la gestión pública.
(Fecha original del artículo: Febrero 2016)

En este espacio de reflexión pedagógica nos interesa trabajar acerca de las ideas educativas que Manuel Belgrano puso en práctica durante, fundamentalmente, sus primeros años en la gestión pública en el Consulado, antes de embarcarse en acciones militares vinculadas al proceso de independencia del territorio.

Nuestro conocimiento de Manuel Belgrano, el patriota, el prócer, no suele tomar en cuenta este aspecto de su vida. Sin embargo resulta de mucho interés conocer sus ideas acerca de lo educativo y pensarlas hoy, doscientos años después, dado que permiten un notable acercamiento a su pensamiento, su forma de entender la sociedad y las relaciones sociales, sus ideas sobre la economía y la política.
Como educadores, surgen algunas preguntas: ¿Por qué suele desconocerse esta faceta de Belgrano? ¿Qué tipo de construcción se hizo del prócer a lo largo del tiempo, priorizando algunas acciones y dejando más en las sombras otras?
En nuestra memoria colectiva, el lugar de educador está reservado para Sarmiento. En ese sentido, resulta evidente que Manuel Belgrano no fue un educador. Fue el creador de la bandera . Y el 20 de junio, aniversario de su muerte, celebramos por lo tanto el Día de la Bandera.
Recordemos, entonces, que Manuel Belgrano, que había pasado varios años como estudiante en Europa «entre otras actividades, estudió Derecho en la Universidad de Salamanca entre 1786 y 1793, donde se graduó como abogadoµ vivió de cerca los acontecimientos de la Revolución Francesa y acusó la enorme influencia de este acontecimiento. Era además un gran lector de los iluministas franceses.
Al volver de su larga estadía en Europa, Belgrano, que ya era Secretario del Consulado de Comercio de Buenos Aires –cargo conseguido en buena medida a partir de sus buenas relaciones con la familia Borbón– buscó llevar adelante y concretar proyectos vinculados a lo educativo.
Para Belgrano, la educación era entendida, básicamente, como un fundamental y necesario motor de progreso de la sociedad.
Además, en varias de sus Memorias Consulares, Belgrano dedica espacio a reflexionar sobre la importancia de la educación, dejando en claro su postura. En la primera de ellas sostiene:
«Uno de los principales medios que deben aceptar a este fin, son las escuelas gratuitas, donde pudiesen los infelices, [es decir, los pobres] mandar a sus hijos sin tener que pagar cosa alguna por su instrucción: allí se les podría dictar buenas máximas e inspirarles amor al trabajo, pues un pueblo donde no reine éste, decae el comercio y toma lugar la miseria; las artes que producen abundancia que las multiplica después en recompensa, decaen; y todo, en una palabra, desaparece, cuando se abandona la industria, porque se cree no es de utilidad alguna».
Cabe destacar el interés de Belgrano por la educación de las mujeres. En esta línea, en sus primeras Memorias Consulares señala:
«Igualmente se deben poner escuelas gratuitas para las niñas, donde se les enseñase doctrina cristiana, a leer, escribir, coser, bordar, etc., y principalmente, inspirándoles amor al trabajo, para separarlas de la ociosidad».
En todo el ideario educativo de Belgrano –algunos de cuyos términos pueden resultar llamativos hoy (como que denomine «infelices» a los pobres) y que resultan por tanto necesitados de contextualización– está presente la posibilidad de educar a los más desfavorecidos y darles de ese modo una posibilidad de progresar socialmente. En este sentido señala en su Memoria Consular de 1802: «sin enseñanza no hay adelantamientos» y «he clamado siempre por la escuela (...) como medio para la prosperidad del Estado».
En este espacio de reflexión pedagógica nos interesa trabajar acerca de las ideas educativas que Manuel Belgrano puso en práctica durante, fundamentalmente, sus primeros años en la gestión pública en el Consulado, antes de embarcarse en acciones militares vinculadas al proceso de independencia del territorio.
Nuestro conocimiento de Manuel Belgrano, el patriota, el prócer, no suele tomar en cuenta este aspecto de su vida. Sin embargo resulta de mucho interés conocer sus ideas acerca de lo educativo y pensarlas hoy, doscientos años después, dado que permiten un notable acercamiento a su pensamiento, su forma de entender la sociedad y las relaciones sociales, sus ideas sobre la economía y la política.
Desde una posición que algunos definirían como liberal, Belgrano, experto en política económica, estaba convencido de que era necesario formar a las nuevas generaciones en diversas artes y ciencias y, además, que esta formación debía ser gratuita.
Los esfuerzos de Belgrano en materia educativa se plasmaron en dos instituciones que corrieron diversa suerte:
  • La Escuela de Náutica, que continúa abierta en la actualidad, creada bajo la premisa de que no podía darse el desarrollo económico sin una flota mercante autónoma.
  • La Academia de Geometría y Dibujo, que tuvo corta vida y que Belgrano defendía señalando que:

    "Los buenos principios los adquirirá el artista en una escuela de dibujo que, sin duda es el alma de las artes. Algunos creen inútil este conocimiento; pero es tan necesario que todo menestral lo necesita para perfeccionarse en su oficio; el carpintero, cantero, bordador, sastre, herrero y hasta los zapateros no podrán cortar unos zapatos sin el ajuste y perfección de vida, si no saben dibujar. Aún se extienden a más que [a] los artistas, los beneficios que resultan de una escuela de dibujo; sin este conocimiento los filósofos principiantes, no entenderán los Planisferios de las esferas celeste y terrestre, ni los armilares que se ponen para [estudiar] el movimiento de la tierra, y [de]más planetas en sus respectivos sistemas: y por consiguiente, los dueños de las máquinas eléctricas y neumáticas y otros muchos que se ponen ya en sus libros".
En este espacio de reflexión quisimos marcar que, además de las imágenes que nos llegan del prócer, existía en Belgrano un fuerte convencimiento acerca del poder transformador de la educación, basado en principios iluministas y fuertemente marcados por los ideales de la Revolución Francesa. No se trata de un prócer que cree en la «pureza y bondad» intrínsecas de educar, sino que entiende que el avance en el conocimiento hará avanzar a la sociedad.
Por eso te proponemos seguir investigando sobre esta faceta de Belgrano. Un abordaje posible para ello es comparar algunas de sus ideas acerca de la educación con las de Sarmiento, o analizar las proclamas de la Revolución Francesa, para entender su influencia decisiva sobre el pensamiento de Belgrano en relación a cuestiones pedagógicas y educativas. De ese modo podremos complejizar la mirada sobre este personaje clave de nuestro pasado.

Enlaces de interés

Referencias bibliográficas
  • Belgrano, M..Documentos para la historia. Tomos I y II. En «Plan de acción» presentado al Consulado de Comercio de Buenos Aires.
  • Belgrano, M.. Escritos económicos. Raigal. Buenos Aires, 1954.
  • Gondra. L.. Las ideas económicas de Manuel Belgrano. Imprenta de la Universidad de Buenos Aires,1933.

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De batallas y banderas

Autoras/es: Andrés Gomel para Educ.ar
Actividades para reconstruir los contextos de las batallas belgranianas y conocer la importancia de la bandera como símbolo patrio.
(Fecha original del artículo: Marzo 2016)

BELGRANO MILITAR: BATALLAS, ARMAS Y VESTIMENTAS

Como sabemos, Manuel Belgrano era abogado de profesión. Graduado con honores en la Universidad de Salamanca, trabajó durante los primeros años de su carrera profesional en el Consulado de Comercio de Buenos Aires.
Cuando las tropas inglesas intentan tomar Buenos Aires, Belgrano tiene sus primeros acercamientos a las milicias. Disconforme con el acuerdo que algunos miembros del Consulado querían firmar con el capitán Beresford, se niega a hacerlo y huye a la Banda Oriental.

Imagen de la campaña de Belgrano al Paraguay
expuesta en el 
Museo Udaondo de Luján
Los acontecimientos de mayo de 1810 lo encuentran como uno de los principales y más activos protagonistas. Tiempo después, ante la necesidad impuesta por la situación, la Junta lo nombra General, y Belgrano, de muy poca formación militar, se pone al frente del ejército que combate en el Paraguay y en Misiones. Funda las ciudades de Curuzú Cuatiá y Mandisovy (actual Federación) pero es derrotado en las batallas de Paraguarí y Tacuarí.



Actividad 1: reconstruyendo el escenario

a. Te proponemos reconstruir junto a tus alumnos las características de esta primera incursión militar de Belgrano. Algunos ejes para el análisis pueden ser:
  • Averiguar cuántos soldados tenía Belgrano en su ejército, y a cuántos soldados enemigos enfrentó.
  • ¿Quién era el jefe de los realistas?
  • Averiguar cuál era la edad de sus soldados. ¿En qué estado estaban cuando Belgrano llegó como jefe? ¿Estaban sanos?
  • Investigar acerca del tipo de armas que utilizaban.
  • ¿Cuánto duraban las batallas? ¿Qué hacían con los heridos?
  • Indagar cuándo y cómo se daba por terminada una batalla. Profundizar sobre el concepto de «armisticio».
  • Conocer el uniforme que distinguía a ambos bandos.
  • Investigar las características geográficas de la zona en la que se combatió.
b. Espacio de discusión
A partir de lo anterior proponé a tus alumnos un debate centrado en los siguientes puntos:
  • ¿Cuáles son las principales diferencias y semejanzas entre los combates librados por Belgrano en la Mesopotamia y las guerras que se libran en la actualidad?
  • ¿Por qué creen que un abogado, formado en España, decide tomar las armas y ponerse al frente de un ejército pese a no contar con formación militar? ¿Cuáles pueden ser los ideales que lo impulsan?

Actividad 2: el éxodo jujeño, salteño y tarijeño


Tiempo después de su experiencia en la Mesopotamia, Belgrano se dirige el Norte. Encuentra allí a un ejército diezmado por la derrota de Huaqui. Es allí donde, frente a la evidente superioridad militar del enemigo, toma una drástica decisión: moviliza a pueblos enteros, les pide a los pobladores que recojan todo lo que pueda ser transportado y quemen tras de sí lo que queda.

Corre el año 1812 y es pleno invierno. Antes de la partida, Belgrano hace bendecir la bandera, que había creado algún tiempo antes a orillas del río Paraná. Al llegar los españoles a estos territorios, encuentran sólo tierra arrasada.

Imagen de Belgrano en San Salvador de Jujuy,
en el 
Museo Provincial Julio Marc, de Rosario
¿Cómo se podría describir esta escena? ¿Qué elementos se destacan?

Proponé a tus alumnos que se sitúen en el momento histórico y el lugar sobre el que estamos trabajando. Los españoles se están acercando y la derrota es inminente. Belgrano, como dijimos, propone abandonar los pueblos y no dejar que sean capturados por el enemigo.

Discutan en pequeños grupos:
  • Cómo se imaginan que se llevó adelante este proceso de éxodo.
  • ¿Qué elementos serían considerados en ese momento indispensables y cuáles no?
  • ¿Qué palabras pudo haber pronunciado Belgrano para convencer a la población de llevar adelante una acción tan compleja?
  • ¿Qué pensarían los habitantes de estos sitios frente a la propuesta de Belgrano? ¿La aceptaron rápidamente? ¿Todos?
  • ¿Qué otras opciones pudieron haberse barajado en ese momento?
Esta propuesta implica, a partir de la discusión, cotejar las ideas de tus alumnos con los datos históricos. 

Como cierre de esta actividad, tus alumnos pueden escribir un comentario a modo de síntesis que trabaje sobre la figura de Belgrano. Podés trabajar qué ideas les surgieron a partir de los datos recabados: qué tipo de hombre consideran era Belgrano, qué piensan acerca de sus ideales, etcétera.

Los siguientes enlaces pueden resultarte de interés para la tarea:

SOBRE LA BANDERA

Las banderas que conocemos hoy suelen ser de tela, rectangulares. Sirven, habitualmente, para identificar a una persona o a un grupo de ellas.

En sus orígenes, las banderas solían ser cintas o lazos. El origen de la palabra proviene del latín bandus, que quiere decir precisamente eso: lazo.

Una bandera es algo que nos representa y nos distingue. En el caso de un país, hablamos de la Bandera Nacional. Sirve para diversos fines: representar al país en el exterior, o a los ciudadanos.

¿Sabían tus alumnos que cuando se usa en alta mar se la denomina Pabellón Nacional?

Pero una bandera no se limita a identificar a una nación. Una bandera puede servir para identificar a un grupo de personas que se comprometen con una causa determinada. Precisamente esa era la situación de Manuel Belgrano y sus soldados hacia 1812.

Poco tiempo después de la Revolución de Mayo, Belgrano se hace a las armas. En su enfrentamiento con los realistas, siente la necesidad de conseguir un estandarte que lo distinga de las tropas enemigas.

En la ribera del río Paraná, en la actual ciudad de Rosario, Belgrano decide crear una bandera celeste y blanca, los colores tanto del cielo y las nubes como de la escarapela que se venía usando como distintivo desde las invasiones inglesas. Sin embargo, la historia no es tan sencilla. El Triunvirato, que ejercía el gobierno desde Buenos Aires, le pide a Belgrano que anule su creación, precisamente para evitar roces con los países de Europa. Belgrano desconoce esta orden y marcha a su campaña en el Norte. En Jujuy la enarbola por primera vez y la hace bendecir.

Claro que esa no fue la primera bandera que se usó en nuestro territorio. Una tarea interesante puede ser averiguar cuáles fueron las anteriores.

Actividad 3: creando una bandera


¿Alguna vez planteaste con tus alumnos crear una bandera que los distinga e identifique?

Te proponemos realizar ese trabajo.

Como primer paso, encontrar cuáles son los elementos que distinguen a tu curso.

Luego, definir a partir de qué colores, símbolos, etc., se puede mostrar en una bandera que esos y no otros son los elementos que distinguen a ese grupo.

En tercer lugar, la propuesta es diseñar la bandera y hacerla realidad. Los medios, tamaño, elementos para decorarla, etc., quedan a criterio del grupo creador.

Y como cierre, el grupo deberá escribir un relato que permita una explicación acerca de la bandera creada.

¡Atención! Las historias, datos, elementos significativos, etc., que den lugar a la bandera pueden ser ficcionales, creadas por el grupo como una nueva historia.
Enlaces de interés

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Los múltiples Belgranos

Autoras/es: Ana López
Actividad pensada para revisar la figura tradicional de Manuel Belgrano, y analizar distintos textos que construyen a los múltiples Belgranos.
(Fecha original del artículo: Febrero 2008)

Actividad


Primera etapa

a. Te proponemos que organices a tus alumnos en grupos para que armen un mapa conceptual que retome los conocimientos que ellos tienen acerca de Manuel Belgrano.

b. Organizá una puesta en común en la que un representante de cada grupo comente con todo el curso el mapa conceptual que construyeron. Indicales que vayan complejizando sus propios mapas conceptuales con la información que aparece en la de los demás y está ausente en el propio.

c. Proponé un trabajo de profundización sobre la figura de Belgrano en la que cada grupo releve información en libros de historia y sitios de Internet. Para ello, te sugerimos trabajar con los siguientes ejes:

- El impacto de las ideas de la Revolución Francesa.
- Sus ideas respecto de la educación.

- Sus ideas políticas.

- Sus estrategias militares.

- Sus ideas para la declaración de la independencia.


d. Organizá una nueva presentación de los mapas de los grupos una vez que hayan integrado a ellos la información relevada. Luego de eso, organizá una discusión que tenga en cuenta reflexionar sobre las razones por las cuales el mapa original presentaba esas ideas y no otras. ¿Qué agregó la profundización a la construcción de Belgrano que tenían al principio? ¿Por qué creen que se ha recortado en la historiografía oficial la figura de Belgrano?



Segunda etapa
a. Proponé a los grupos conformados para la etapa anterior que lean los fragmentos que presentamos a continuación, extraídos de Historia de Belgrano, de Bartolomé Mitre, La revolución es un sueño eterno, de Andrés Rivera y el epistolario de Manuel Belgrano.

Belgrano por Mitre

"Belgrano tenía la paciencia del organizador, que prepara los elementos del triunfo; la intrepidez en el ataque; la firmeza en el combate y la constancia en la derrota; pero carecía de la ardiente inspiración del campo de batalla.

Este contraste, más severo que el de Vilcapugio, fue debido en gran parte a la ciega confianza de Belgrano antes de la batalla, y a sus errores en el curso de ella; aunque entró por mucho la superioridad de las aguerridas tropas españolas, con mejores jefes y oficiales que los del ejército argentino, y sobre todo, la superioridad inmensa de su artillería. El cargo más serio que puede hacerse a Belgrano es no haberse sabido aprovechar de las faltas de su contrario, atacándolo en la bajada de la cuesta; y después no haber tomado ninguna disposición acertada para neutralizar las maniobras que dieron por resultado la derrota. Así, razón tenía hasta cierto punto Pezuela, al colocar los soldados argentinos más arriba de su general cuando decía: 'Las tropas de Buenos Aires presentadas en Vilcapugio y Ayohuma, es menester confesar que tienen una disciplina, una instrucción y un aire y despejo natural como si fueran francesas; pero si alguna vez volvieran a formar ejército con ellas, como sean mandadas por Belgrano y Díaz Vélez, serán sacrificadas por pocas. Estos dos caudillos no supieron hacer el menor movimiento, cuando obligándolos yo a variar su primera posición, marchando con el ejército sobre su flanco derecho, ellos que me esperaban por su frente no dieron disposición de tomar las alturas, por donde era conocida mi dirección, no hicieron otra cosa que darme su frente y hacer subir una nube de indios a una montaña de su espalda, que yo no necesitaba tomar'.

El general Paz, no menos severo que Pezuela, señala estas mismas faltas; pero al mismo tiempo las explica diciendo: 'Es preciso considerar que estábamos en el aprendizaje de la guerra, y que así como era, el general Belgrano era el mejor general que tenía entonces la República. Estaba también falto de jefes, pues los mejores por varios motivos estaban ausentes: no tenía un solo hombre a quien pudiera deber un consejo, ni una advertencia: estaba solo, y solo llevaba todo el peso del ejército'.

Pero si en la batalla pudo padecer la fama del general, mostrándose inferior al vencedor de Salta: en la retirada vuelve a aparecer el héroe de alma grande, el patriota de fe incontrastable, que no se rinde bajo los golpes del infortunio, y que continúa imponiendo al enemigo y y domina a los suyos, por su tenaz resistencia y fortaleza de espíritu. Situado con la bandera en la mano en las asperezas de la montaña, rodeado de las miserables reliquias de su ejército, continuaba contando reunión a los dispersos, en señal de que su general no los abandonaba."
En: Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano y de la independencia argentina. Buenos Aires, Eudeba, 1964.


Belgrano por Rivera

"Belgrano alzó su vaso de aguardiente, la pierna derecha cruzada sobre el muslo izquierdo, hidrópico, la cara de un hombre que galopó no sé cuántas leguas para sentarse allí frente a mí, y dijo salud. Dijo salud, y se rió, como si gozara de la posesión de un secreto, y dijo, cuando terminó de reír, cuando olvidó que era dueño exclusivo de un secreto: Tengo a los oficialitos de mi Estado Mayor, yo, un abogado, a caballo, buena parte del día. Les saco callos en el traste. Y los escucho rezongar: chico majadero, me llaman. ¿Qué hago yo, primo, un abogado, arrestándolos, formándoles consejo de guerra por ladrones, por insubordinación, por amotinamiento, a ellos, que se guían por los reglamentos españoles del siglo de Maricastaña, para que no me hagan, amotinados, lo que le hicieron a usted y a Balcarce, sabiendo que aun a los más miserables les sobran padrinos aquí en Buenos Aires?

Dijo: Arresto a los miserables, que andan todo el santo día, con el rosario en las manos; castigo a los cobardes; reparto charqui y maíz en las poblaciones que no nos dan bola, que nos miran con recelo, que ven que no hay mano que ponga freno a la inquietud de los españoles y criollos, que ven que se me ordena guardar cualquier bandera que no sea la del rey, y que yo, que soy un hombre bueno, como usted me escribió, primo, obedezco. Entonces, para darme ánimo, grito a mis soldaditos, fumemos muchachos, que nos sobra tabaco, y recuerdo la luz de Buenos Aires, la de su cielo, porque quemé mis papeles, y da lo mismo, cuando uno quemó sus papeles, no haber nacido que morir a los cuarenta o a los sesenta."
Andrés Rivera, en La Revolución es un sueño eterno.



Belgrano por Belgrano

Carta a Saavedra

"Buenos Aires,
Cuartel general de Santa Rosa
31 de enero de 1811

Sr. Dn. Cornelio Saavedra

Mi querido amigo: [?] Mis oficios a la Junta no dicen todo lo que yo quisiera decir, ni puedo hablar con franqueza a distancia de cuatrocientas leguas, porque temo que mis cartas caigan en manos del enemigo; la acción gloriosa del 19 me la arrancaron de las manos y las consecuencias me tienen con los mayores cuidados; sólo me ha consolado el aviso que me da Rodríguez de hallarse en la Bajada y que esperaba que pasasen los pardos para ir a atacar a los del Arroyo de la China: quiera Dios que sea feliz, para que pueda venirse con todos y entrar a la conquista de los salvajes paraguayos, que sólo se pueden convencer a fuerza de balas.

Si no se consigue el buen éxito de la expedición, me será forzoso repasar el Paraná; para entonces es de temer que aquéllos, unidos con éstos y apoderados del río, puedan acorralarme y privarme no sólo de la comunicación con la capital sino también de los alimentos, que hoy los tengo, de los ganados que he tomado a los insurgentes del Paraguay, de las posiciones que tienen en esta provincia. [?]

Cuanto menos, necesito 1.500 infantes y 500 de caballería para la empresa de la conquista al Paraguay. [?] Me hallo escaso de dinero; porque de Santa Fe sólo me mandaron 400 onzas, con que estoy socorriendo a la gente, y aunque vengan las restantes no bastan a pagar los sueldos y gastos que se causan, y lo primero es muy preciso, como Ud. conoce, para mantener la disciplina con el rigor que es debido.

[?] Luego que consiga tener la noticia del estado de las municiones despacharé ésta al cuidado de persona que ande mucho y sea viva para que no la pillen; suspendo, pues, de escribir hasta ese momento por si se me ocurriese alguna otra cosa, pero encargando a Ud. que se trabaje con la mayor actividad en todo cuanto he expuesto para lograr nuestros objetos.
Adiós mi amigo; no olvide usted a su
Manuel Belgrano"
(Reproducido en F. Luna, (director) Manuel Belgrano. Buenos Aires, Planeta, 2000.)

b. Luego de la lectura, organizá una discusión acerca de los distintos perfiles de Belgrano que se derivan de los tres textos. Para ello indicales que tengan en cuenta sus condiciones de producción y la finalidad de cada uno.

c. Proponé a tus alumnos que investiguen a partir de qué textos se conformó la historiografía oficial y cuál fue el rol que tuvo Bartolomé Mitre en relación con ello.

d. Nicolás Shumway, un destacado investigador norteamericano, señala en su libro La invención de la Argentina que las naciones se organizan en función de lo que denomina ficciones orientadoras, creaciones tan artificiales como ficciones literarias pero que son necesarias para darles a los individuos un sentimiento de nación, comunidad, identidad colectiva y un destino común nacional. En este sentido, indica también que "La retórica de Mitre (?) presenta dos tipos de celebridades. Los primeros se asemejan a los héroes clásicos, los segundos a Satanás". Te invitamos a que como cierre de esta actividad propongas un trabajo de escritura en el que tus alumnos comenten el rol de Belgrano en su contexto en relación con los dichos de Shumway. ¿Qué lugar ocupa el creador de la bandera? ¿Por qué? ¿Existen otros personajes históricos que deberían acompañarlo en el panteón de próceres y han sido excluidos? ¿Por qué?

Los siguientes enlaces pueden resultar de interés para llevar adelante este trabajo:

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En Pizarras y Pizarrones

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Bartolomé Mitre (1821-1906)

Autoras/es: Felipe Pigna
Pizarras y Pizarrones les ofrece a continuación una de las tantas biografías de "Don Bartolo". Como nuestra especialidad no es la historiografía, nos interrogamos si Mitre fue un "gran historiador" en el sentido estricto de la palabra.
¿A ustedes qué les parece?
(Fecha original del artículo: s/d)
Bartolomé Mitre, el gran historiador, polémico político e impulsor de la organización nacional, nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1821. Era hijo de Don Ambrosio Mitre y Doña Josefa Martínez Whetherton. El matrimonio se estableció en Carmen de Patagones y allí nacerían los hermanos de Bartolomé, Emilio y Federico. Sus primeros estudios los realizó entre Buenos Aires y Carmen de Patagones.
A los 14 años, Mitre comienza a trabajar en una de las estancias de Rosas, "El rincón de López", regenteada por Gervasio Rosas, hermano del restaurador. El joven Mitre no logra adaptarse a la férrea disciplina de la estancia y es devuelto a su padre con estas palabras: "Dígale a Don Ambrosio que aquí le devuelvo a este caballerito, que no sirve ni servirá para nada, porque cuando encuentra una sombrilla se baja del caballo y se pone a leer". Un año después ya había escrito su primera colección de poesías. Mitre tenía 17 años. Frente a las persecuciones del rosismo, emigra junto a su familia a Montevideo. Allí conocerá a Delfina de Vedia, una bella uruguayita que se convertirá en su esposa y compañera.
"Delfina se presentó a mis ojos como un ángel descendido de los cielos", escribirá por entonces. Se casaron el 11 de enero de 1841 y tuvieron cuatro hijos: Delfina, Josefina, Bartolomé y Emilio.
En Montevideo inició su carrera militar en el arma de artillería sin abandonar su pasión por las letras expresada a través de sus notas en los periódicos El iniciador y El Nacional entre los años 1838 y 1839.
En 1842, se incorporó a las filas antirrosistas del general Paz y participó en la campaña de Entre Ríos hasta que, derrotadas sus fuerzas en Arroyo Grande, debió regresar a Montevideo.
En la capital uruguaya tomó contacto con los intelectuales antirrosistas emigrados, como José Mármol, Florencio Varela, Rivera Indarte y Esteban Echeverría y participó activamente en la defensa de Montevideo, sitiada por Oribe. Su destacada actuación le valió el ascenso a Teniente Coronel en 1846. Pero ese mismo año decidió abandonar el Uruguay, disgustado con la política de Rivera. Se trasladó a Bolivia donde el presidente Ballivián lo puso al frente del Colegio Militar. Allí también ejerció el periodismo, junto a Wenceslao Paunero y Domingo de Oro, y fundó el diario antirrosista La Epoca.
Un golpe de estado derrocó al presidente Ballivián y Mitre debió trasladarse primero al Perú y finalmente a Chile, donde residirá hasta 1851.
En ese año, se trasladó a Montevideo y, al enterarse del pronunciamiento de Urquiza, se incorporó al Ejército Grande como jefe de artillería. Tras el triunfo de Caseros, en 1852, fundó Los Debates, diario desde el que fijaría su postura en defensa de los intereses porteños frente al proyecto de Urquiza. Esto le valió el cierre del periódico y un nuevo exilio en Montevideo. Pero pronto podrá regresar a Buenos Aires. El 11 de septiembre de 1852 los sectores porteños opuestos a la nacionalización de las rentas aduaneras y la hegemonía de Urquiza, organizan un movimiento que tiene en Mitre y Valentín Alsina a sus principales referentes. La "revolución" del 11 de septiembre produjo la separación de la provincia de Buenos Aires del resto del país, con Valentín Alsina como gobernador y Mitre como ministro de Gobierno y encargado de las relaciones exteriores.
Posteriormente, en 1855, sería electo presidente de la legislatura bonaerense, y fundaría el instituto Histórico y geográfico.
En 1857, publicó la primera edición de su Historia del General Belgrano, obra exhaustiva, producto de una profunda investigación.
Mientras tanto, Buenos Aires gozaba de cierto bienestar económico; su economía se iba dibujando alrededor de un puerto que exportaba cereales y ganado e importaba de Europa todo lo demás, desde manufacturas hasta ideas políticas. Así, mientras la Confederación languidecía, Buenos Aires progresaba con un ritmo acelerado. Una moneda fuerte, aceptada en todo el territorio provincial, otorgaba garantías a los capitales extranjeros. La exportación lanera figuraba entre las primeras del mundo.
Hacia 1857, se inaugura el Ferrocarril del Oeste, primer tren del país. Unía la Estación del Parque -hoy Plaza Libertad- y el actual barrio de Flores.
La Ciudad dejaba el mote de "gran aldea" para transformarse, lenta pero inexorablemente, en la "París del Plata".
Como militar participará con el grado de General en los dos combates contra Urquiza: la derrota de Cepeda en 1859 y la victoria definitiva de Pavón, el 17 de septiembre de 1861.
Mitre que había sido electo gobernador de Buenos Aires en 1860, se transformó tras el triunfo de Pavón en el único hombre en condiciones de encauzar los destinos del país recientemente unificado.
En mayo de 1862, se reunió un nuevo congreso nacional que legitimó la situación de Mitre confirmándolo como encargado del Poder Ejecutivo Nacional. Se convocó a elecciones nacionales y triunfó la fórmula Bartolomé Mitre y Marcos Paz.
Los nuevos mandatarios asumieron en octubre de 1862 y pronto tropezaron con el primer obstáculo.
El problema de la federalización de la provincia y de la residencia de las autoridades nacionales, pudo resolverse transitoriamente a través de la Ley de Compromiso, por la cual los miembros del poder ejecutivo podrían residir en Buenos Aires hasta tanto se fijase la capital definitiva de la república.
En el transcurso del debate de la ley, quedaron claramente manifiestas las dos tendencias del liberalismo porteño; los nacionalistas o mitristas, llamados "cocidos" continuadores de la política de Pavón y los autonomistas, liderados por Adolfo Alsina, llamados "crudos", pretendían conservar los privilegios de Buenos Aires, particularmente las rentas aduaneras.
Estos nuevos partidos representaban en realidad a la misma clase social y tenían como objetivo casi exclusivo la toma del poder para usufructuar el aparato estatal.
En este período se produjo una creciente centralización del poder político donde el uso de la fuerza fue determinante.
El gobierno nacional se fue imponiendo a través de la violencia organizada por sobre otros poderes como los de las provincias, centralizando funciones como la recaudación impositiva, la emisión monetaria, la educación y la represión.
La verdadera institucionalización de un ejército nacional ocurrió a través de las distintas formas de enfrentamiento asumió ese ejército nacional. El ejército implicó, además, un enorme gasto público que llegó a representar en algunos años más del 50 % del presupuesto.
Mitre encargó a un grupo de juristas encabezados por Dalmacio Velez Sarsfield la redacción del Código Civil y la adaptación del Código de Comercio al ámbito nacional.
Se organizaron la Corte Suprema de Justicia y los tribunales inferiores.
Como elemento de unificación ideológica se crearon los 14 colegios nacionales y sus respectivos profesorados, uno para cada provincia.
Era imposible llevar adelante la política centralizadora sin terminar con el caos fiscal y la anarquía monetaria: en algunas provincias se superponían impuestos y circulaban tres y hasta cuatro monedas diferentes.
La creación de un aparato recaudador nacional fue condición necesaria para financiar las reformas que requería la concreción del programa liberal mitrista.
Durante su mandato, Mitre fue urdiendo una política de alianzas con los sectores conservadores del interior buscando subordinar a las provincias a los intereses porteños. Esta política provocó levantamientos armados como el de los montoneros acaudillados por el riojano Ángel Vicente Peñaloza, "El Chacho", en 1863, que culminarán en violentas acciones represivas por parte del ejército nacional.
En 1865, estalló la Guerra del Paraguay (o Guerra de la Triple Alianza) y Mitre fue designado General en Jefe de las Fuerzas Aliadas de Argentina, Uruguay y Brasil.
Mitre había hecho un pronóstico demasiado optimista sobre la guerra: "En 24 horas en los cuarteles, en 15 días en campaña, en tres meses en la Asunción." Pero lo cierto es que la guerra duró casi cinco años. La victoria le costó al país más de 500 millones de pesos y 50.000 muertos. Del millón trescientos mil habitantes que tenía el Paraguay, sólo sobrevivieron 300.000, la mayoría mujeres y niños.
La impopularidad de la Guerra de la Triple Alianza -llamada de la Triple Infamia por Alberdi- sumada a los tradicionales conflictos generados por la hegemonía porteña, provocó levantamientos en Mendoza, San Juan, La Rioja y San Luis. El caudillo catamarqueño Felipe Varela lanzó una proclama llamando a la rebelión diciendo:
"Ser porteño es ser ciudadano exclusivista y ser provinciano es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Ésta es la política del gobierno de Mitre. Soldados Federales, nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás repúblicas americanas."
A pesar de que contaba con un importante apoyo popular, Varela fue derrotado por las fuerzas nacionales en 1867. Como decía la zamba de Vargas, nada podían hacer las lanzas contra los modernos fusiles de Buenos Aires.
En 1868, culminó su período presidencial y se declaró prescindente en cuanto a apoyar a un candidato a sucesor, dejándole de esta manera el campo libre a Domingo Faustino Sarmiento, quien asumirá ese año la primera magistratura. Mitre, por su parte, fue electo senador por Buenos Aires. En 1869 compró el diario La Nación Argentina, fundado por Juan María Gutiérrez en 1862, y lo convirtió en La Nación, cuyo primer número salió a la calle el 4 de enero de 1870, mientras se libraban los últimos combates de la Guerra del Paraguay, con una tirada de mil ejemplares.
En 1871, como muchos porteños, cayó enfermo de fiebre amarilla. Tras su recuperación el presidente Sarmiento le encomendó una misión diplomática en Brasil para terminar de definir los límites modificados tras la Guerra del Paraguay.
En 1874, se presentó nuevamente como candidato a la presidencia. Ante el triunfo del tucumano Nicolás Avellaneda, denunció fraude y se sublevó contra las autoridades electas pero fue derrotado por las tropas leales, dirigidas por el coronel Julio A. Roca. Fue detenido y trasladado al Cabildo de Luján. Durante sus cuatro meses de prisión escribió el prólogo para su Historia de San Martín y de la independencia sudamericana.
Tras dedicarse a sus investigaciones y a la labor periodística, en 1890, volvió a la acción. La desastrosa administración de Juárez Celman, con su estela de negociados y corrupción, fomentó la unión de la oposición en un gran frente conocido como la Unión Cívica, bajo la conducción de Bartolomé Mitre y Leandro N. Alem.
El 26 de julio de 1890, la Unión Cívica decidió pasar a la acción. Estalló la "Revolución del Parque". Mitre decidió ausentarse del país, dejándole todo el peso de la conducción del movimiento a Alem, quien, a pesar de contar con cierto a poyo militar, fue derrotado.
Este hecho y las negociaciones posteriores concretadas por Roca y Mitre, que desembocaron en la renuncia de Juárez Celman y la asunción de Carlos Pellegrini, fueron vistas por Alem como una traición a los postulados de la Revolución del ’90. Esto condujo a la ruptura de la Unión Cívica en dos nuevos partidos: la Unión Cívica Nacional, encabezada por Mitre, y la Unión Cívica Radical, encabezada por Alem.
Mitre influyó decisivamente a través de su prestigio político y de su diario en los gobiernos que se sucedieron entre 1890 y 1906, el año de su muerte. Nada se hacía en las filas conservadoras sin consultar a "Don Bartolo", que se reservaba la última palabra.
En 1894, fue electo nuevamente senador nacional y participó activamente en los debates sin dejar de lado la escritura. Publicó por esos años su Estudio bibliográfico-lingüístico de las obras del Padre Luis de Valdivieso sobre el araucano.
En 1901, al cumplir 80 años fue objeto de grandes homenajes y festejos. Pasó sus últimos años dedicado a la dirección de La Nación y a la traducción de La divina comedia de Dante Alighieri. Falleció a los 84 años el 19 de enero de 1906. Una multitud acompañó sus restos hasta la Recoleta.

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