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lunes, 21 de enero de 2013

Gramsci, aquí y ahora (2º y última parte)

Autoras/es: Esteban Valenti (*)

(Fecha original del artículo: Enero 2013)
La responsabilidad del partido La batalla cultural e ideológica no es una tarea de propaganda de la actividad y los logros del gobierno. Como cualquiera comprende es el nudo central de las responsabilidades de la izquierda, del partido , es decir del Frente Amplio y exige una gran creatividad, medios pero, sobre todo una línea política y una organización adecuada para ello.

En estos 8 años del gobierno, la desproporción mayor que afrontó la izquierda uruguaya fue precisamente entre esa labor pedagógica de aprendizaje y de enseñanza con el conjunto de la sociedad y en particular con los sectores que forman el bloque histórico y social de los cambios, los trabajadores en el sentido más amplio, los intelectuales, las clases medias, amplios sectores de productores e incluso de la burguesía nacional que tienen un lugar necesario, imprescindible en el Proyecto Nacional, y el ejercicio del gobierno nacional y departamental.
Una desproporción entre lo que hicimos desde el gobierno y lo que hicimos desde el partido. Y ese no fue un descuido, no es una carencia, es una línea política, es por la vía de los hechos depositar en los funcionarios del gobierno, tareas que necesariamente son del partido y que tienen una relación dialéctica con la capacidad de avanzar en la propia acción del gobierno en todos los frentes y en particular en los sectores claves. Enseñar y aprender de la realidad, de la gente.
Algunos confundieron la disputa dentro del gobierno con la labor de dar la batalla cultural por la hegemonía en la sociedad, pues limitan su visión a la lucha por una porción de poder como la tarea más revolucionaria, o imponer ciertas definiciones programáticas menores pues no tienen ni la capacidad, ni la vocación ideológica de dar esa batalla por la profundización y el avance de los cambios en el terreno de la hegemonía en toda la sociedad.
Si en el debate ideológico reducimos todo a la orientación económica y social es que renunciamos a la visión dialéctica que la propia orientación económica dependerá en una medida fundamental de ese proceso cultural de la sociedad civil y no a la correlación de fuerzas en los cargos de gobierno.
No creo que esta tensión de fondo sobre el rumbo de los gobiernos de izquierda se reduzca al Uruguay, creo que con las peculiaridades nacionales está presente en todos los países de América Latina, de los que gobierna la izquierda o donde está en el llano y, no es un problema para la izquierda marxista, cruza todo el campo del progresismo y de la izquierda. La hegemonía en ese sentido es un problema político y ético general de las fuerzas del cambio.
¿Existe en la izquierda uruguaya la capacidad política e intelectual para discutir, elaborar y definir esta nueva etapa de su historia y por lo tanto de la historia del país y hacer un aporte a las ideas de izquierda a nivel regional e internacional? No tengo la respuesta, por más optimismo de la voluntad que le ponga.
Este artículo es un aporte más, obviamente no es excluyente ni mucho menos, pero lo que necesitamos es discutir y elaborar. En política y en ideología cuando uno se acostumbra a reptar lo único que se desarrolla es la panza, de tanto arrastrarse sobre el poder.

(*) Periodista, escritor, militante político de izquierda (FLS- FA), director de Bitácora y de UYPRESS. Uruguay
CC: Cuadernos de la Cárcel

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