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domingo, 13 de abril de 2014

Seguridad&Democracia: los medios. Parte II

Autoras/es: Lavaca.org
¿Cómo formamos nuestras ideas sobre seguridad, crimen, peligro? El Seminario del Acuerdo sobre Seguridad Democrática (ADS) debatió sobre la policía como fuente de desinformación; los medios como arma de criminalidad y “jueces” de la realidad. La precarización y el autoritarismo como ADN del actual periodismo. Críticas al propio documento del Acuerdo y el dilema de la pasividad social.
El seminario que buscó desentrañar de qué modo establecer una “seguridad democrática”, tema en deuda en estos años de democracia, donde avances en temas de derechos humanos no parecen tener correlato en estos laberintos político-policiales, propuso entre sus mesas de expositores la siguiente: “Producción, acceso y uso de la información estadística”. (ver Parte I).
(Fecha original del artículo: Mayo 2011)
La escalera sin escalones
GarreMaría Pita, integrante del equipo de Antropología Política y Jurídica de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA e investigadora del Conicet, explica la trascendencia que poseen los datos: “Las cifras hablan mucho más que de delitos, de cantidades o de tipos. Funcionan como indicadores de la efectividad de una gestión pública en el área de la seguridad. Representan una especie de termómetro para la clase política, e indican el éxito o el fracaso de sus planes y gestiones. También funcionan como termómetro para la policía, porque indican la medida de su trabajo, y según la interpretación, puede hablar de niveles de eficiencia, de celo profesional y rigurosidad en el registro. Una cifra bien o mal leída puede contribuir a la caída de una gestión política o puede ser un elemento de presión corporativo utilizado por la policía o el Poder Judicial”.
En lo que concierne a políticas de seguridad, para generar una mejora desde la base, en primera instancia se necesita producir información veraz para, luego sí, determinar los pasos a seguir. Pero el escalón inicial (información confiable) es deficiente o sospechoso, a partir de lo cual el resto de la escalera puede ser una ilusión óptica. “Muchas veces las instituciones no consideran a la información como un producto específico para ser proveído hacia afuera de la misma, sino sólo para insumo de la propia gestión. Esas prácticas reflejan el doble carácter técnico y político de esas instituciones, que conspira contra la posibilidad de conformar informes confiables, comparables, y que registren la mayor cantidad de situaciones y eventos posibles en torno a la criminalidad y a las formas habituales en que las fuerzas de seguridad intervienen en sus acciones, vinculadas a tareas de prevención y reducción de la criminalidad”.
Al hablar de carácter “técnico y político” puede inferirse que lo “político” es lo que hace no confiable la información policial. No es el único problema estadístico, ni una de las Bellas Artes, pero se trata del oficio de dibujar datos.
Que aparezca lo oculto
La expositora presagia una solución al ocultamiento de la información, a través de la creación de un “observatorio” que lea e interprete datos provenientes de diversas fuentes de consulta. Pero hoy en día, el panorama es sombrío: “Los principales problemas de la falta de producción de información se deben a la convivencia de diferentes lógicas agenciales. Además, coexisten en una misma institución diferentes sistemas de gestión y tramitación de datos, con intereses diversos. Su sistema interno no está ni preparado ni disponible para ofrecer información abierta, ni siquiera a otras agencias estatales. La policía tiene una lógica sociológica y otra jurídica para el tratamiento de los números, y entonces lo que produce es parcial. O sea, no le interesa conocer la identidad de las personas, para así realizar una investigación de carácter sociológico, lo utiliza exclusivamente a fines estadísticos”. La falta de publicación de los datos nunca es casual, asegura María Pita: “El dato tiene un alto valor político, muy valioso y temido. Por eso, a su alrededor desarrollan una serie de estrategias institucionales, con la disyuntiva de mostrar o no mostrarlo”.
¿Quién registra la violencia policial?
La incredulidad frente a ciertas estadísticas no es casual, sino causal. Botón de ejemplo: los casos de violencia policial son registrados por policías. María Pita lo grafica: “En el mismísimo manual de instrucción se aclara: ‘Las muertes producidas por miembros de las fuerzas de seguridad en cumplimiento del deber, también deben consignarse como homicidios dolosos aunque no constituyan delito’. Aún hoy, sigue persistiendo la tendencia a resistir el registro de los hechos delictuosos provocados por la policía. Hay una categoría policial que es la de muerte dudosa, cuando el deceso no está enmarcado en un hospital y tampoco hay testigos. O sea, se acude a esa categoría para nombrar a los hechos que resulta conflictivos certificar de otra manera, como los de violencia policial. Como esa categoría no es compilada por el Sistema Nacional de Información Criminal, esos datos sólo quedan dentro de la institución polical, y nunca se publican. Allí, existe una fuga de información”.
En términos más claros, puede hablarse de un engaño y estafa a la población. La incredulidad de las personas es un mecanismo de defensa.
Red social
Otra de las disertantes fue la brasileña Ana Paula Mendes de Miranda, catedrática de la Universidad Federal Fluminense y del Instituto de Estudios Comparados en Administración Institucional de Conflictos, quien aseguró que en su país ocurre algo parecido. Mendes se explayó acerca de su experiencia en Río de Janeiro. Con varios interrogantes: “¿Cómo se explica que la Policía Militar sea la controladora de la Policía Federal? ¿Cómo se entiende que quienes deben estar al servicio de la comunidad, retaceen los pocos datos que acumulan? ¿Cómo es posible que sólo queden registrados algunos?”.
Otra pregunta que uno podía hacerse velozmente es: ¿Y cuál es la sorpresa, si cualquier ciudadano común percibe la estafa desde hace décadas?. Pero allí la catedrática brasileña propuso un paso más: “Para que los datos tengan sentido, la sociedad debe participar de ellos y las redes sociales deben ser un elemento de difusión”.
Para que ese segundo paso se lleve a cabo, primero debe construirse una base sólida que fortalezca la confianza general. Ana Paula mencionó algunos aspectos en los que debería profundizarse el cambio:
  • El Sistema Nacional de Estadísticas no debe estar manejado por la propia Policía Federal.
  • La producción de estadísticas no debe depender únicamente del organismo destinado a la seguridad. De lo contrario, la dependencia económica puede derivar en la dependencia política.
  • Las investigaciones a realizarse no deben encerrarse en una base de datos privadas, sino estar al servicio de la población.
  • Propuso, también, generar un registro de guardias, que esté al acceso público, y que posibilite a la comunidad, mediante un click, hacer una demanda.
Podrido
¿Hay algo más inseguro que una salud no democrática? La escasa y difusa información, conjugadas con la falta de políticas públicas en el sector de la salud, genera estragos en la sociedad: otra enfermedad. Hugo Spinelli, director de la Carrera de Especialización en Gestión en Salud, de la Universidad de Lanús, explicó que el mal se halla en la raíz: “El dato primario, que origina el certificado de defunción y el fondo estadístico de defunción, tiene graves problemas. Los médicos que tienen que llenar los documentos no lo hacen correctamente, colocando “causa violenta” o “causa ignorada”, por diferentes motivos: ignorancia de cómo se llena; temor a ser convocados a juicio; o incluso porque el certificado constituye parte de la propia criminalidad”. (O sea que se trata de un encubrimiento). Siguió Spinelli: “Eso ocurrió, por ejemplo, en 1987, cuando un certificado de defunción decía NN, por estado de putrefacción. Lo increíble fue que el lugar de hallazgo del cuerpo había sido el Moyano, un hospital público”.
¿Qué es modernizar?
En la actualidad suele sobreestimarse la relevancia de la tecnología. En los sistemas de información, sus diversos avances han contribuido al almacenamiento y el procesamiento de los datos, pero no han repercutido en una mejora de fondo. Spinelli lo argumenta: “Los sistemas de información entraron fuertemente en América Latina a partir de los años sesenta. Pero los problemas que se detectaban en ese momento se han perpetuado, porque la tecnología no provoca un cambio en el factor humano, que es el que genera el dato y puede manipularlo de distintas maneras. En el mismo sentido, la realidad demuestra que quienes están al mando de una gestión, en general, muestran reticencia y paranoia cuando de publicar información se trata”.
La modernización no sólo tiene que ver con la utilización de tecnologías más avanzadas sino, y sobre todo, con la implementación de nuevas ideas productivas. Argentina, en ese aspecto, está atrasada. Hoy en día el país procesa la información de los casos de muerte, en el sector salud, dos años después de que sucedan. En 2011, recién se conocerán lo hechos de 2009. Así, se pierde lo esencial de saber qué está ocurriendo hoy, para actuar de inmediato sobre el problema, y no con este sistema bienal.
Manos a la obra
La teoría, muy bien desarrollada a lo largo de todo el Seminario, debe llevarse a la práctica para que las palabras se conviertan en hechos tangibles. María Pita reflexiona sobre qué piezas se deben mover: “Necesitamos hacer trabajo de campo y discutir con los agentes que producen información. El Acuerdo de Seguridad Democrática debe ampliar la difusión en la presentación de la información. Además, tenemos que construir indicadores comparables para avanzar en investigaciones cuali y cuantitativas”. Spinelli, en el final del su exposición, hizo puente hacia el panel siguiente sobre los medios de comunicación, con una autocrítica: “Los investigadores tenemos una dificultad en cómo difundimos y socializamos lo que producimos, porque a veces no le llegamos a la gente. Entonces, además de articular con los diversos medios para que publiquen nuestros informes, debemos realizar las investigaciones menos extensas y aburridas”.
¿Es la extensión y el aburrimiento el problema? ¿Conviene entrar en la lógica simplificada y divertida de los medios? ¿O crear un nuevo estilo de comunicación? Otro panel.
Autoritarismo.com
En la puesta en escena del panel “Medios de comunicación: impacto en la agenda política, percepciones y discursos sobre seguridad”, el periodista mexicano Marco Lara Klarh, coordinador en su país del proyecto “Violencia y Medios de Comunicación”, comentó que el día anterior, ya en Argentina, había encendido la televisión y observado la cobertura discriminatoria del canal América 24, respecto al supuesto robo, nunca esclarecido, a una ambulancia en la Villa 31 de Retiro. “Todas las escenas que aparecían eran estáticas. Eso demuestra la falta de vocación en acercarse a los hechos y a los actores. Sólo existe una lógica de recrear una sucesión vertiginosa de escenas que parece más enfocada a divertirnos, o a impactar a nuestros instintos que a nuestra razón como ciudadanos”, comenzó la exposición.
Con mirar un rato algunos de los medios de comunicación, Lara Klarh desprende este análisis de sus alcances:
  • Es un problema muy grande que el impacto de los medios repercuta en la percepción de la gente, porque un actor que incide en la percepción, es un actor supuestamente “infalible”.
  • La industria de las noticias tiene un papel fundamental en la construcción de espacios sociales inseguros, del mismo modo que muchas políticas.
  • Las sociedades atravesadas por un precario desarrollo democrático, son aquellas en las que el sistema de los medios de comunicación se impone por sobre otros mecanismos de acceso de la ciudadanía a la información.
  • Los periodistas o los medios suelen decir “nosotros sólo mediamos”. Pero la mediación no es inocua, por eso son actores cruciales para la construcción de espacios sociales.
  • Los comunicadores son el principal espacio de legitimación de las políticas autoritarias de seguridad pública. Y son el espacio donde se invisibiliza la ineficiencia constitucional como un problema estructural, lo mismo que el fenómeno que propicia la articulación de agentes del Estado, hechos de corrupción y asociación delictuosa. Esto lleva a una triste realidad en la que se engloba el periodismo: por decir lo que está pasando, deja de decir lo que pasa.
  • El principal problema de la comunicación, como industria, es que incurre en terrenos de ficción.
Las instituciones que serían las encargadas de que el ciudadano estuviera más seguro, son las encargadas de generarle inseguridad, a través del discurso mediático. Esto sucede ya que nuestra materia prima son las fuentes oficiales, institucionales o informales, y de las cuales extraemos el 90% de la información, mientras la vieja noción de “periodismo de investigación” se ha convertido casi en una desaparecida.
Medios = autoritarismo + precarización
Una hipótesis: la industria mediática, empática con formas autoritarias de las políticas de seguridad pública y Justicia Penal, viola de manera sistemática el derecho de los ciudadanos a estar informados, por estar más enfocada en intimidar que en comunicar. Y las violaciones son múltiples, según Lara Klarh: “Dentro de la esfera de los derechos del debido proceso por la presunción de inocencia, se quebrantan por ejemplo el derecho a juicio y a la imparcialidad. También se vulneran derechos de personalidad, como el derecho a la dignidad, a no recibir tratos crueles y degradantes, a la no discriminación, el derecho a la privacidad y a la propia imagen. Además, violan un derecho muy delicado: a la protección de datos personales. Hay un montón de atropellos desde las instituciones, que luego salen a la luz en el espacio mediático”.
Para el mexicano esto no es casual, ya que “si hay una institución autoritaria en Latinoamérica esa es la institución de medios”. Agregó: “Uno de los causantes de su verticalidad es la condición de explotación laboral que los enmarcan. Los medios son una combinación entre periodistas precarizados y una cultura autoritaria”.
Teoría mediática
Otro de los disertantes fue Gabriel Kessler, Licenciado en Sociología e investigador del Conicet, quien también describió la violencia comunicacional: “Algo que se ve en los medios argentinos, salvo excepciones, es una fuerte estigmatización de los lugares. Se cuidan de resaltar a alguien por ser pobre, pero esta satanización sí se escucha con frecuencia respecto a los lugares señalados, por ejemplo, como áreas peligrosas. Y esa estigmatización a los diversos sitios legitima la aplicación de políticas preventivas y formas de control sobre esos territorios”.
Lara Klarh añadió: “Tanto en Argentina como en Brasil, existe la Teoría del Sistema Mediático Penal que plantea que, habitualmente, la industria de los medios noticiosos se vuelve el instrumento de invisibilización de la criminalidad de las elites, sobrevisibilizando la criminalidad y etiquetando cierto tipos de delitos de las clases bajas”.
De esta manera, venden terror, miedo, estigmatizan a la pobreza, y demuestran su falta de interés por generar discursos relativos a la seguridad democrática. De paso, queda expuesta qué sociedad prefieren. El camino que eligen, en definitiva, es el que más poder les va a redituar.
El pasivo humano
En ese terreno adverso, Lara Klarh advierte sobre una responsabilidad que debe asumir la sociedad: “Existen mecanismos ciudadanos que hacen contrapeso a los medios, que nuestra comunidad no está teniendo; el ciudadano como audiencia es pasivo y no es un actor preponderante. Pero es lo de menos es que no contemos para los medios: los ciudadanos no contamos ni para nosotros mismos respecto de los medios. No votamos ni siquiera a los políticos en una lógica de derecho a la información o de libertades de información. En las prioridades tenemos vivienda, seguridad, cultura democrática, pero no tenemos interiorizados los temas de la libertad de expresión y el derecho a la información”.
Crítica al Acuerdo
Además de interpelar a la sociedad por su rol pasivo, lo mismo hizo con el propio Acuerdo de Seguridad Democrática, al subrayar un olvido sustancial en materia de información: “El punto número cuatro del documento que se publicó en la antesala del seminario es el único que hace referencia a la información. Y dice: ‘Para avanzar en el abordaje integral y efectivo en el problema de la seguridad, el diseño e implementación de políticas democráticas debe surgir de diagnósticos basados en información veraz y accesible al público, la producción de esta información es también una responsabilidad indelegable del Estado’. Sin embargo, además de obviar sobre la calidad de información que el Estado está produciendo hacia los ciudadanos, ese informe se debió haber ahondado en el papel social de los medios, para entender de manera circular este fenómeno de visión autoritaria de la seguridad pública”.
Estado, corporaciones y adictos
Las empresas que fabrican información, como el orden de las palabras en este inicio de oración lo indica, primero son empresas, y en segundo plano reside la información. O sea, en primera instancia está el negocio, y después… después vemos qué hacemos para que el negocio sea cada vez más redituable. Precisamente esa es la visión monopólica, segregacionista, que gobierna a los medios masivos de comunicación. El periodista mexicano Lara Klarh ahondó en el tema con algunos conceptos:
  • Mientras nuestros sistemas políticos no sean capaces de diversificar la oferta de medios, esto no va a cambiar. Porque en la medida que no haya competencia, la industria va a seguir privilegiando la rentabilidad sobre su responsabilidad de posibilitar el ejercicio ciudadano del derecho a la información.
  • Los medios industriales tienen una tendencia monopólica, y si el Estado se repliega o favorece a los corporativos multimediáticos, los enfoques y las agendas se alejan de la base social.
  • La política pública de comunicación es un factor esencial para democratizar el sistema de medios.
  • Los medios de comunicación industriales tienen una alta adicción financiera a la generación de información sin costos, provista por las instituciones del Estado.
Así fueron algunas de las intervenciones. Terminó el Seminario. Las palabras están dichas y queda un desafío, o un enigma: ¿ayudarán a cambiar la realidad?
Adictas, las grandes empresas fabricadoras de realidades simplifican en pos de la rentabilidad y su propio poder. El contenido que lleva su envase está en la otra costa del discurso democrático, que plantea una sociedad segura para todos, con una libertad de expresión real, a la que ningún tsunami de intereses la pueda derribar. El Acuerdo de Seguridad Democrática pretende bañarse en esas aguas, y limpiar los prejuicios enquistados. Para eso deberá contribuir a que toda la teoría se ponga en práctica, y así seguir nadando contra la corriente.

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