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miércoles, 14 de mayo de 2014

El pensamiento colectivo en Averroes, Spinoza y Borges

Autoras/es: Lettera & desasosiego;
(Fecha original del artículo: Junio 2013)
Averroes considera que el intelecto humano no es de carácter individual sino colectivo. Llega a la anterior conclusión en tanto que lo individual es compuesto y limitado por la materia. Si el conocimiento fuera individual no sería posible conocer la realidad, la cual es exterior a la propia individual.
Averroes desarrolla el concepto de intelecto colectivo, según el cual cada individuo accede en mayor o menor medida por medio de la imaginación. Es decir, el pensamiento o intelecto es supra-individual, posee existencia independiente de los individuos y permanece, a diferencia del individuo que es mortal. Del acervo acumulado de todo el conocimiento cada quien accede al mismo.
Ahora bien, una de las implicaciones más importantes consiste en establecer que el conocimiento no es obra o “creación” de un hombre en particular. Por el contrario, el conocimiento y sus frutos pertenecen al conjunto de la humanidad, sin distinción de raza, religión, ideología o postura política. Asimismo, todos los hombres tienen la capacidad y el derecho de acceder a éste.
Es importante tener en cuenta que éste es el modo en que Averroes procede a la hora de explicar la naturaleza del entendimiento. Su afirmación de que el entendimiento es inmaterial y distinto del alma, la identidad que establece entre el entendimiento y el inteligible, y su conclusión de un entendimiento es inmaterial y distinto del alma. Sólo tras un análisis del comportamiento de las diversas facultades del alma, Averroes afirma que el entendimiento es distinto del alma, en tanto su objeto es la representación abstraída de la materia, a diferencia del sentido y la imaginación, cuyo objeto es la representación en la materia. Y sólo tras demostrar que el alma tiene un substrato corpóreo vemos a Averroes sostener que el entendimiento es inmaterial (Ozcoidi, 2001, p. 328).
El entendimiento colectivo es, a la vez inmaterial y real. Si se lee la filosofía de Averroes desde un materialismo radical, de seguro se encontraría una contradicción, pues lo real se asume como material; o por lo menos, no es posible asumir la realidad de algo mientras que éste no sea observado y puesto a prueba.
Kant estableció que el límite del conocimiento está sujeto a la experiencia. Así que cuestiones metafísicas como la existencia de Dios, el sustento de la realidad o la libertad son razonamientos sin sentido que no llevan a ningún conocimiento, sólo a un “andar a tientas”. En este sentido el postulado de Averroes no trasciende más a una “bonita metáfora” sin posibilidad de demostración empírica.
Ahora bien, más allá de una metáfora o forma de ver el conocimiento humano, hay razones suficientes para pensar que el intelecto colectivo es real. La filosofía desarrollada por Averroes se fundamenta en Aristóteles; sin embargo, no es difícil llegar a la misma conclusión por vía de otras corrientes del pensamiento.
El pensamiento como cuerpo compuesto
En el Libro II de la Ética, Spinoza aborda el tema de los cuerpos simples y los cuerpos compuestos. En esencia, los cuerpos simples, gracias al movimiento e interacción con otros cuerpos simples crea cuerpos complejos. Pero a su vez, tales cuerpos complejos se organizan de tal forma que crean cuerpos aún más complejos. Este proceso se repite una y otra vez hasta que la totalidad misma de todo lo existente crea un solo cuerpo.
Spinoza parte de una serie de Axiomas muy claros. Todo cuerpo se mueve o está en reposo (movimiento absoluto). Cada cuerpo se mueve más lentamente o más rápidamente (movimiento relativo). Se sigue que los cuerpos no se distinguen entre sí por medio de la substancia, sino en razón del movimiento y el reposo, de la rapidez y la lentitud. Asimismo, un cuerpo en movimiento o reposo ha sido determinado por otro cuerpo, el cual es a su vez ha sido determinado al movimiento o al reposo por otro cuerpo y así hasta el infinito.
Ahora bien, Spinoza define que si cierta cantidad de objetos simples se comunican unos a otros sus movimientos según cierta relación, diremos que esos cuerpo están unidos entre sí y que todos juntos componen un solo cuerpo; un individuo que se distingue de los demás por medio de la unión de dichos cuerpos.
Pero si de un cuerpo compuesto o individuo se separan ciertos cuerpos simples, éstos son reemplazados por otros tantos que cumple la misma función. El individuo conservará su naturaleza, tanto respecto de la substancia como respecto a su modo. Este punto es muy importante, pues siguiendo a Spinoza, reconocemos una realidad del cuerpo compuesto más allá de los individuos que lo componen.
El ejemplo más ilustrativo es un “bosque”, el cual es más que la suma de los árboles: es la relación que se establece entre todos los seres vivos que habitan el bosque. La muerte de un animal o un árbol no afecta al bosque, en tanto que es una entidad diferente a los individuos que lo compone. Otro ejemplo es la conciencia humana, la cual depende de todas las neuronas del cerebro; sin embargo, la conciencia no se localiza en ninguna área en particular o es propiedad de ciertas neuronas. Por el contrario, la conciencia emerge como un cuerpo compuesto independiente de las neuronas mismas. O dicho en otras palabras, el todo es más que la suma de sus partes.
El concepto clave para entender la formación de los cuerpos complejos a partir de los cuerpos simples es la relación. Spinoza afirma que el individuo conservará su naturaleza aún si las partes componentes de un individuo se vuelven mayores o menores, pero conservando la misma relación de reposo y movimiento. El individuo también conservará su forma aún si ciertos cuerpos que lo compone son compelidos a cambiar el sentido de sus movimientos, mientras puedan seguir moviéndose y comunicándose con la misma relación que antes. Por último, el individuo también conservará su forma aún si se mueva todo él o esté en reposo, ya se mueva en un sentido o en el otro, hasta tanto cada parte conserve su movimiento y se lo comunique a los demás.
Vemos que un individuo puede ser afectado de muchas maneras y sin embargo conservar su naturaleza. Ahora bien, hasta el momento hemos considerado cuerpos compuestos a partir de cuerpos simples. Si ahora concebimos un cuerpo compuesto de varios individuos de distintas naturalezas, hallaremos que puede ser afectado de muchas otras maneras, y aún así, conservar su naturaleza -cada parte podrá moverse más rápido o más despacio y comunicar por lo tanto a las otras más aprisa o más despacio-. Y así podemos también concebir un tercer género de individuos compuestos de individuos de segundo género y así hasta el infinito. Así concebiremos con facilidad que toda la naturaleza es un solo individuo, cuyas partes (todos los cuerpos) varían de infinitas maneras  sin cambio alguno del individuo total.
Teniendo en mente la filosofía expuesta de Spinoza, no es difícil imaginar el sentido del entendimiento colectivo propuesto por Averroes. De los cuerpos individuales que representan cada hombre, su movimiento e interacción se deriva en el cuerpo complejo de lo social. De esta forma, el pensamiento individual responde al pensamiento colectivo, en tanto pensamiento compuesto. Asimismo, su realidad es superior a la de los individuos o a la existencia de los mismos. Como cuerpo complejo, el intelecto colectivo guarda su propia realidad, mientras que el pensamiento individual participa en menor o mayor medida del colectivo.
El Intelecto Colectivo en las interpretaciones modernas
La literatura de Borges se caracteriza por el tratamiento de temas filosóficos y existenciales. Entre estos temas, encontramos la inmortalidad del hombre, pero entendida no como la permanencia indefinida en el tiempo del “yo” individualista, sino una que denominó “inmortalidad cósmica”.
La inmortalidad cósmica plantea una permanencia de corte general o común, inconsciente y anónima. Borges contrapone este tipo de permanencia eterna a la inmortalidad personal e individualista de Unamuno, quien siempre querrá ser Unamuno. Al contrario, a este tipo de inmortalidad Borges le teme, en tanto que no quiere ser Borges para siempre (Bilbao, 2011).
En opinión del argentino, la simple amalgama de actos, la conjunción de las circunstancias de todos aquellos que han existido y su puesta al servicio de los que vendrán no son los únicos requerimientos para alcanzar una inmortalidad cósmica. Para Borges, el logro de la inmortalidad conlleva la pérdida total y absoluta de todo rasgo identificador e individualizador:
Esa inmortalidad no tiene que ser personal, puede prescindir del accidente de nombres y apellidos, puede prescindir de nuestra memoria. ¿Para qué suponer que vamos a seguir en otra vida con nuestra memoria, como si yo siguiera pensando toda mi vida en mi infancia, en Palermo, en Adrogué o en Montevideo?¿Por qué estar siempre volviendo a eso? (Bilbao, 2011).
El relato El Inmortal, publicado en El Aleph (1949), expone con toda claridad el tema de la inmortalidad y su efecto sobre la conciencia individual. La historia narra los episodios vividos por un tribuno romano, Marco Flaminio, quien se entera que existe un río que brinda la inmortalidad. Sin dudarlo, emprende el viaje y lo encuentra, bebiendo de sus aguas y conviviendo por siglos con los trogloditas quienes lo resguardan. Entablará relación con uno de los trogloditas, quien resultará ser Homero.
Luego de un tiempo, el tribuno junto con otros trogloditas infiere que, así como hay un río que da la vida eterna, debe existir otro que la quite y restaure la condición de mortal. Salen en su búsqueda y finalmente lo encuentran.
Como es común en Borges, el relato recibe múltiples interpretaciones que no es el caso enunciar. Para nuestro propósito, la interpretación de Alazraki señala a la filosofía de Spinoza como la estructura sobre la cual se construye la narración. Identifica en el panteísmo la idea que subyace en la transformación del protagonista en inmortal y, más tarde, en todos los hombres. Es la idea de que un hombre es nada y es nadie para ser todos los hombres (Bilbao, 2011).
Ahora bien, en su relación con Averroes, Borges está caracterizando aquel intelecto colectivo. El sustrato individual se desvanece y es el acumulado de las experiencias y vivencias de todos los hombres lo que permanece.
Por otro lado, Roland Barthes plantea la muerte del autor, y es uno de los conceptos centrales en la teoría literaria contemporánea. Barthes sostiene que todo texto es en realidad un conjunto de citas infinitas de otros textos, son ideas entretejidas que hacen parte de un legado histórico y cultural. Y como tal, la creación no le pertenece propiamente al autor, sino al conjunto de lo social.
En la escritura múltiple, efectivamente, todo está por desenredar pero nada por descifrar; puede seguirse la estructura, se la puede reseguir (como un punto de media que se corre) en todos sus nudos y todos sus niveles, pero no hay un fondo; el espacio de la escritura ha de recorrerse, no puede atravesarse; la escritura instaura sentido sin cesar, pero siempre acaba por evaporarlo: precede a una exención sistemática del sentido. Por eso mismo, la literatura (sería mejor decir la escritura, de ahora en adelante), al rehusar la asignación al texto (y al mundo como texto) de un “secreto”, es decir, un sentido último, se entrega a una actividad que se podría llamar contra teología, revolucionaria en sentido propio, pues rehusar la detención del sentido, es, en definitiva, rechazar a Dios y a sus hipóstasis, la razón, la ciencia, la ley.
En resumen, el intelecto colectivo planteado por Averroes es una idea que adquiere vigencia al análisis de la ciencia, el arte y la cultura. Este planteamiento tiene, entre otros, una implicación muy importante en relación a la propiedad de las obras.
 Un tema muy polémico en nuestros días es la propiedad intelectual y la “piratería”. El sistema legal reconoce al autor como el dueño absoluto de las creaciones científicas, técnicas y artísticas. Sin embargo, si tomamos en cuenta la discusión planteada en el presente ensayo, debemos replantear, o al menos matizar, la cuestión de la propiedad intelectual.
Sin lugar a duda, es un determinado individuo quien dedica tiempo, recursos y esfuerzo a determinada creación. Es innegable también que es el individuo quien da luz al resultado final. No obstante, como lo indica Barthes, toda obra es en realidad un sinfín de citas textuales, con lo que su autoría se matiza.
Por ejemplo, supongamos el caso de un ingeniero que desarrolla un software de lógica que sirve a los filósofos. Si bien, es el ingeniero quien desarrolla el programa, es innegable también que los conocimientos que usó para desarrollarlo no le pertenecen, sino que es propiedad del conjunto de la humanidad. Para el desarrollo del programa necesito el desarrollo de algoritmos, pero si nos preguntamos por esos algoritmos, encontramos que el ingeniero los usa gracias a los desarrollos más antiguos de la humanidad como el ábaco, el teorema de Pitágoras, el cálculo diferencial y un largo etcétera.
Si somos estrictos con la propiedad intelectual, nuestro hipotético ingeniero debería reconocer a todos los matemáticos de la historia la posibilidad de que él, al día de hoy, esté en la capacidad de desarrollar determinado programa. Este ejemplo aplica a toda obra que podamos imaginar: en realidad, el aporte del individuo es marginal a la creación.
Por otro lado, si pensamos en los derechos de uso, toda la humanidad tiene derecho a usar cualquier producto. Es una discusión abierta, en la cual Averroes y los autores discutidos nos pueden brindar luces acerca de la misma.

Bibliografía
Barthes, Roland (?). La muerte del autor.                                                                       En:http://www.choroychan.org/lit/src/roland_barthes_-_la_muerte_del_autor.pdf
Bilboa, Gorka (2011). La persistencia de la conciencia: Borges y la inmortalidad. Revista Speculo, julio-octubre 2011, N°. 48. Universidad Complutense de Madrid.
Borges, J. Luis (2006). El Aleph (1949). Emecé Editores, Bogotá, D.C.
Spinoza, Baruch (1980). Ética demostrada según el orden geométrico. Ediciones Orbis S.A. Introducción, traducción y notas de Vidal Peña.

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