Autoras/es: Charles Dickens
(Fecha original del artículo: 1843)
TERCERA ESTROFA
EL SEGUNDO DE LOS TRES ESPIRITUS
Cuando se despertó en medio de un prodigioso ronquido y se sentó en la cama para aclarar sus ideas, nadie podía haver avisado a Scrooge de que estaba a punto de dar la una. Supo que había recobrado la conciencia justo a tiempo para mantener una entrevista con el segundo mensajero, que se le enviaba por mediación de Jacob Marley. Pero sintió un frío desagradable cuando empezó a preguntarse qué cortina descorrería el nuevo espectro; por eso las recogió todas él mismo, se tumbó de nuevo y dirigió una cortante ojeada en torno a su cama. Quería plantar cara al espíritu cuando apareciera y no deseaba que le cogiera desprevenido porque se pondría nervioso.
Los caballeros del tipo poco ceremonioso, que se jactan de conocer bien la aguja de marear a cualquier hora del día o de la noche, expresan su amplia capacidad para la aventura diciendo que son buenos para cualquier cosa, desde jugar a "cara o cruz" hasta cometer un asesinato; entre estas dos actividades extremas, qué duda cabe, hay toda una amplia gama. Sin atreverme a decir otro tanto de Scrooge, no es equivocado pensar que estaba preparado para recibir una gran variedad de extrañas apariciones y que nada, desde un bebé hasta un rinoceronte, le habría cogido muy de sorpresa.















