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lunes, 18 de julio de 2016

¿Vuelven los planes del Banco Mundial para educación o nunca se fueron?

Autoras/es: Federico Puy*
Ilustración: Greta Morales
Hoy los realineamientos del nuevo gobierno macrista, y América Latina, giran hacia nuevas relaciones con el Imperialismo y el “Bloque del Pacífico”, respetando las recetas de las políticas del Banco Mundial y el FMI, con un gobierno desesperado buscando dólares para sus reservas y créditos de inversión. Todo indica una vuelta al “consenso de Washington”, pero esta ecuación del neoliberalismo tuvo sus versiones concretas en la “década” K.
(Fecha original del artículo: Diciembre 2015)

La ecuación kirchnerista en educación
Fueron 12 años de gobierno K. La educación, entre otros puntos, fue su caballito de batalla contra quienes, según el relato K, querían “volver a los ‘90”. El kirchnerismo enarboló, en su relato, la reversión de las problemáticas estructurales heredadas del neoliberalismo. La implementación, en aquellos años, de procesos privatizadores sugeridos por los organismos multilaterales de crédito, basados en una serie de “recetas” denominadas de conjunto como “Consenso de Washington”, intentó avanzar en un proceso de privatización de la educación. El neoliberalismo dio vuelta la ecuación fundamental de la educación. En primer lugar, valoró a la educación según lo que considera “resultados” en términos mercantiles, evaluados según un modelo de eficiencia empresarial antagónica de un criterio social y pedagógico, y puso a los estudiantes como meros consumidores. A su vez, descentralizó las políticas administrativas de manera tal que cada provincia cuenta con un presupuesto propio, e impulsó la inversión en la educación privada. Como parte del mismo proceso, se centralizó lo pedagógico, sin respetar los múltiples elementos sociales, divergencias y heterogeneidad que encontramos los docentes en las escuelas.
La política del kirchnerismo ha sido la de “dejar la puerta abierta para ir a jugar”. Si bien hubo medidas políticas hacia educación, algunas progresivas, el discurso chocó con los maquillajes. En principio, luego de 12 años de gobierno, se mantuvo la ecuación neoliberal y aquellas políticas que pudieron tener relativo éxito coyuntural, se están volviendo regresivas y usadas “en su contra”.
Financiamiento educativo
Uno de los pilares de la educación ligada al mercado, que  el kirchnerismo mantuvo intacto, fue la Ley Federal de Educación de los ‘90 con el desfinanciamiento de las provincias. La Ley de Transferencia de Servicios Educativos (LTSE) y la Ley Federal de Educación (junto a la Ley de Educación Superior) constituyeron el paquete de leyes heredadas del menemismo que están orientadas a atacar la educación pública, y adaptar las políticas educativas a los dictados del FMI y los organismos internacionales. Para dar un ejemplo, actualmente el Estado nacional aporta una suma mínima por provincia, lo que genera que el grueso de la inversión deba ser realizado por éstas, profundizando la desigualdad ya que “las provincias patagónicas (Tierra del Fuego, Santa Cruz, Neuquén, Chubut, Río Negro y La Pampa) albergan apenas al 6 % de los alumnos del país, mientras el grupo de las más pobladas (provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza) reúne a casi el 70 % de los alumnos”[1]. Según datos publicados en la edición de febrero-marzo 2015 de Le Monde, los Estados provinciales invierten de conjunto el 31,5 % del gasto público en educación, y Nación el 5,3 % del PIB nacional.[2]
De fondo se vuelve a encontrar la misma ecuación neoliberal a la que el kirchnerismo dijo combatir todo este tiempo. Entendemos que detrás de algunas políticas del gobierno (TICs, Ley Federal, FINEs, “inversión educativa”), estas leyes nacionales sostenidas intactas, permiten a quien las quiera continuar, profundizar en el desfinanciamiento y la descentralización administrativa apelando a los escasos recursos de las provincias y centralizando el sujeto en un estudiante de mercado. Estas leyes nacionales vienen atadas a los préstamos internacionales y el conocimiento se vuelve una mercancía y la escuela deja de ser un lugar del “bien común de la sociedad”. De esta misma manera, el docente pasa a ser un empleado pronto a despedir y a sustituir.
Construcción de escuelas y subsidios a las privadas
En el Plan Nacional Quinquenal de Educación se plantea que hasta 2015 se construirán 2.671 nuevas escuelas en todo el país, se señala que hasta 2014 se construyeron 1.665 escuelas, y que se concretaron 5.914 obras de refacción, ampliación y reparación. Esto mediante los programas nacionales 700 escuelasMás Escuelas y Más Escuelas II [3]. Solo por tomar un ejemplo, en la Provincia de Buenos Aires, es obligatorio la sala de cuatro, la de cinco, toda la primaria y toda la secundaria. Según el último censo oficial quedaron por fuera de los jardines (públicos y privados) 163.736 niños de 3 y 4 años.
Mientras la construcción de escuelas en todo el país está librada a las cajas provinciales, a través del subsidio a las escuelas confesionales, los K han preservado el papel retrógrado de la Iglesia como agente educador y a la religión como parte del currículum pedagógico. Según el relevamiento oficial de 2010,[4] la Nación, las provincias y la ciudad de Buenos Aires aportaron a 3.500 establecimientos educacionales católicos, la suma de 4.200 millones de pesos. Actualizando esos montos las transferencias para la educación católica rondarían en 2013 entre 5.100 y 6.300 millones de pesos.
Evaluación externa y el “consenso” para castigar
La evaluación “es una herramienta de diagnóstico que no solucionará los problemas, pero sí generará una toma de conciencia”, sentenció Esteban Bullrich. Silvia Montoya, quien dirige el Instituto de Estadísticas de la UNESCO y desde 2012 hasta principios de 2015 se desempeñó como Directora General de Evaluación de la Calidad Educativa del Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, docente e investigadora en la Pontificia Universidad Católica Argentina, la “predicadora” de la evaluación, verifica que la ecuación del neoliberalismo no solo está presente sino que se profundizará. Basta ver esta entrevista para verificar que será la política principal del macrismo, tomada principalmente del discurso de sus antiguos competidores Massa y CFK.
Un primer paso para implementar la evaluación es lograr cierto “consenso” en la sociedad y en los docentes en particular, tras años de segmentarlos entre el que “falta a trabajar” y el que no. La descalificación constante del trabajo docente va en este sentido, a tono con una de las premisas del neoliberalismo: atacar los trabajos “más reconocidos” y así instalar la idea de que los docentes son vagos y, en última instancia, lo mejor es la escuela privada donde “no hay paros”. Es, también, una forma de atacar el derecho a huelga.
La campaña electoral fue un gran comienzo de este “desgaste” contra la educación pública y el trabajo docente. Vale recordar el discurso del inicio de sesiones legislativas de marzo de 2012 cuando Cristina Kirchner en un discurso señaló:
Yo no digo que sea la panacea, ni que sean salarios perfectos, pero para trabajadores que gozan de estabilidad frente al resto de los trabajadores, con jornadas laborales de 4 horas y 3 meses de vacaciones, cómo es posible que sólo tengamos que hablar de salarios y no hablemos de los pibes que no tienen clases.
O ver el spot de Sergio Massa en la reciente campaña electoral donde se decía: “Yo voto a Massa, es el único que tiene propuestas para mejorar la educación, porque no es justo que cobre lo mismo el que trabaja, que el que no trabaja o el que busca excusas para faltar”.
Condiciones de enseñanza y aprendizaje
El desgaste y la evaluación vienen atados al salario y por ende a las condiciones de enseñanza y aprendizaje. Son 12 años de salarios a la baja (con la CTERA negociando una pauta para que sea usada para todo el país) y de condiciones de trabajo donde la naturalización de la doble jornada (o triple jornada en muchos casos) es llevar a puntos extremos la precarización laboral y la enseñanza. Un estudio indica que más de 35 por ciento de los docentes padece enfermedades de orden psicológicas, no ajenas a las diferentes problemáticas sociales que se expresan en la escuela, como el conocido síndrome de “burn out” o “cabeza quemada”[5].
Ansiedad, irritabilidad, insomnio y contracturas son hoy algunos de los síntomas más frecuentes en el colectivo docente. Los problemas psicológicos están relacionados con las condiciones sociolaborales en que se ejerce la docencia. En estos síntomas están presentes también las condiciones edilicias, las problemáticas sociales del grado, el salario que no alcanza y una extensa jornada laboral muchas veces de dos o tres turnos, es decir más de 9 horas y media frente a estudiantes. Además del trabajo doméstico no remunerado, ya que el 85% son mujeres y cargan con las tareas domésticas en sus hogares. En algunos casos se observa una especie de frustración de que el niño “no aprende”, ligando la sensibilidad de la tarea docente con el desarrollo personal e intelectual de los estudiantes. Tampoco hay suficiente tiempo de descanso durante la jornada de trabajo, con docentes “taxis” viajando por toda la ciudad.
A esto habría que sumarle la responsabilidad judicial de nuestro trabajo sobre los estudiantes, como lo demostró el terrible caso del asesinato de Agustín (el niño asesinado por su padre en el Jardín del barrio de Flores en 2015) y el posterior intento de separación del cargo de su maestra y la directora, Elsa y Alejandra. Hoy está en debate ya que el nuevo Código civil y comercial establece que es el titular de las escuelas el que debe responder por el daño causado o sufrido por sus alumnos menores de edad, pero los directivos o maestros no se encuentran exceptuados si existe dolo o culpa.
Las recetas de Macri y el Banco Mundial
El año pasado el Banco Mundial publicó un libro titulado Profesores excelentes en donde se evalúan las políticas educativas de diferentes países de nuestro continente para mejorar la “eficiencia”. Allí se afirma que:
Planificar una secuencia de reformas puede facilitar su adopción y mejorar su implementación. Las experiencias de la región demuestran que existe una lógica política para establecer una secuencia determinada en las reformas de educación. El primer paso son las pruebas a los estudiantes, con una divulgación transparente de los resultados, tanto a nivel nacional como individualmente en las escuelas; este es el ancla que permite orientar la política educativa en general e incorporar reformas basadas en el desempeño. En muchos casos, el segundo paso ha sido la adopción del pago de bonificaciones a nivel de las escuelas, mediante el cual se establece el concepto de pago por desempeño (…). El tercer paso es la evaluación de los profesores en forma individual y de manera voluntaria, con el atractivo de recompensas financieras para los profesores que asuman el riesgo de ser evaluados y demuestren un buen desempeño. (…) Esta secuencia de reformas se implementó en Chile entre 1995 y 2004, más recientemente en el estado de São Paulo, y se ha propuesto para el Estado de Río de Janeiro.
Esto mismo se está implementando en México, con duras luchas del Magisterio contra la represión que lleva el Gobierno Federal, que se organiza contra la llamada Reforma Educativa que les impone evaluaciones punitivas.
El primer paso para atar salario a “resultados” es evaluar a los estudiantes con pruebas estandarizadas, luego aclara: “Contar con datos duros sobre los resultados del sistema educativo es una herramienta política clave. (…) El uso de estos datos por parte de los líderes políticos para justificar las reformas ha sido un factor clave de todas las estrategias que han tenido éxito hasta la fecha”[6]
En esto el Banco Mundial es muy claro: “El impulso a favor de las reformas es mayor si se introducen al comienzo de un nuevo Gobierno”[7]. Este consejo siguió Macri a finales del 2011 para eliminar las juntas de clasificación docente justo con posterioridad a ser reelegido con el 65 % de los votos en el balotaje.
Las Pruebas PISA, PIRLS y TIMSS y el ranking de escuelas
Cada tres años, se ponen en funcionamiento los dispositivos de evaluación PISA (Programme for International Student Assessment), programa de evaluación internacional de alumnos que depende de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico). Sus resultados comparan los rendimientos en Letras, Matemáticas y Ciencias de entre 4.500 y 10.000 alumnos de 15 y 16 años de cada uno de los 65 países que participan.
Entre las críticas que las PISA han recibido, se destaca que son pruebas estandarizadas que se limitan a evaluar y comparar “competencias”, “conocimientos” y “destrezas” de los estudiantes para desempeñarse en la vida cotidiana, habilidades que pueden ser adquiridas tanto en la escuela como fuera de ella. Recortan y abstraen lo que evalúan de la currícula, hábitos culturales, situación socioeconómica, contexto socio político, estructura escolar, condiciones de enseñanza aprendizaje y proyecto educativo de cada país.
De esta manera, PISA se centra en habilidades operatorias, desconociendo otras fundamentales como ser la capacidad analítica, de síntesis, de resolución de problemas complejos, etc. Con esto prioriza y valora “competencias” y “habilidades” ligadas a la lógica económica que convierte a los ciudadanos en capital humano con expectativas de rendimiento y competitividad, es decir que produce una operación ideológica por la cual se busca naturalizar la prioridad de unos saberes sobre otros.
Se deduce que los resultados de las PISA pueden convertirse en un gran negocio de venta de escuelas que promocionan estas “capacidades” e ir armando un ranking de establecimientos, según resultados. A la vez sus resultados se utilizan políticamente para ocultar las problemáticas socioeconómicas que influyen en la educación, y justificar políticas educativas que ocultan una matriz ideológica, continuidad de los ‘90: la formación de competencias y aptitudes para el mercado laboral, a la vez que ocultar bajo dichos “resultados” los efectos de la desinversión educativa que también caracteriza a esas políticas.
¿Quiénes defienden la educación pública?
La idea de que el macrismo profundice las políticas neoliberales y haya una vuelta “drástica” al Consenso de Washington, es una política que se desprende de su programa de gobierno y de la práctica política en donde le tocó gobernar como en Ciudad de Buenos Aires. La discusión salarial de los docentes será muy importante y dividirá aguas. En este sentido, podríamos hipotetizar que la pelea por el salario también tendrá sus vertientes en la política educativa de conjunto. La paritaria docente será “testigo” de muchas otras cosas, y no solo del techo salarial.
El gobierno nacional asume débil con un congreso y senado que no le responde y habiendo ganado por escasos votos la elección al FpV. De todas maneras un gobierno que avanza fuerte en los decretazos apoyados por las burguesías y el imperialismo que piden ajuste y mayores ganancias. Scioli y Massa más que rivales políticos, pasaron a ser los garantes de este orden “republicano” de los decretazos que avalan el ajuste. “Unidad nacional”.
Pero basta recordar que todas las políticas educativas neoliberales, se rechazaron en las calles y con resistencia. Y en este último tiempo con un avance de estas políticas que parecían hacer retroceder la educación hacia los ‘90, fueron los docentes los que protagonizaron grandes luchas por sus demandas y en defensa de la educación pública. La paritaria docente, que ya está en desarrollo, será la prueba testigo.
Los docentes en huelga no afectan el clima de unidad burguesa porque no paran la producción, pero son huelgas claves en el sentido de la política. Además puede funcionar como “caja de resonancia” por su particular ligazón con la clase obrera (familias compuestas por obreros y docentes y lo “social” en el sentido de la comunidad educativa). Sus potentes sindicatos, pueden ser pensados no solo para las peleas más corporativas del gremio contra el Estado y por mejoras económicas  parciales, sino que se plantea la necesidad de pensar estratégicamente los gremios docentes como bisagras para amplificar y legalizar otras luchas de clases de otros sectores de trabajadores y disputarle, en algunos casos, el poder territorial del PJ, hoy en crisis y a la espera de una conducción. Y una bisagra muy importante con los sectores estudiantiles que pueden ser revulsivos y extender las luchas.
Más cuando los que tienen que reubicarse son la burocracia sindical celeste, que bajo estos 12 años de gobierno “nacional y popular” que dirigen la CTERA, han dejado aislada cada lucha provincial, han arreglado paritarias salariales por debajo de la inflación y además no hay luchado por tocar lo estructural de la Ley Federal de Educación. Muy desprestigiados, ya que gastaron sus últimas palabras llamando a votar al menemista Daniel Scioli ¿Cuál será su ubicación frente a este gobierno? Aún está por verse[8].
Los SUTEBA combativos y recuperados, ubicados en el corazón de la clase obrera y de los sectores populares, como Tigre y su ligazón y solidaridad con los obreros de la zona Norte o el caso de SUTEBA La Matanza el más gran a nivel de afiliados, con sede en el corazón del peronismo y las barriadas populares y en las tierras de los barones del conurbano (los perdedores y los ganadores), pueden ser un punto de apoyo para recuperar nuestros sindicatos de manos de la burocracia y plantearse una pelea seria contra el proceso de privatización de la educación de la herencia K y los planes de Macri.
Estos sectores, los SUTEBA combativos, los nuevos congresales de UTE-CTERA, la Comisión Directiva Multicolor de Ademys y los docentes en todo el país, vienen peleando tanto contra Cristina, Scioli y Macri. Otro punto de apoyo y de los más importantes, es el Frente de Izquierda con Nicolás del Caño y Myriam Bregman, que ha levantado un programa de un 30 % de presupuesto para la educación y pelear para derrotar la Ley de Educación Menemista. Los únicos que levantaron un programa que denunció el ajuste y el ataque a los docentes, en defensa de la educación pública.
[1] Axel Rivas, Radiografía de la educación en Argentina, Bs. As., Fundación CIPPEC, 2010.
[3] Ver www.700escuelas.gov.ar. También portal.educacion.gov.ar.
[5] Burnout (“estar quemado”) es un tipo de respuesta prolongada a estresores emocionales e interpersonales crónicos en el trabajo. Se ha estudiado particularmente en profesiones en que es central la relación directa con los usuarios de un servicio y en donde dicha relación lleva un alto componente de experiencias de intercambio emocional. Como tal no es una enfermedad, sino que caracteriza el tipo de respuesta, la cual se define operacionalmente como el resultado de tres componentes: agotamiento emocional (sensación de estar emocionalmente sobrepasado y de haber agotado los recursos emocionales), realización personal (sensación de logros y competencias en el trabajo) y despersonalización (este último componente es conceptualizado mejor como edurecimiento emocional en este estudio y se refiere a la sensación de una respuesta insensible y distante a los receptores del servicio) (Christina Maslach ,”Burnout”, en Enciclopedia de Salud y Seguridad en el Trabajo, OIT, 2001).
[6] Bruns, Bárbara y Luque, Javier: Profesores excelentes Cómo mejorar el aprendizaje en América Latina y el Caribe, Grupo Del Banco Mundial, 2014.
[7] Ídem.
[8] En el momento en que esta nota sale para su publicación se sigue desarrollando las primeras reuniones de la paritaria docente (tanto la Nacional como la Provincia de Buenos Aires). 
Artículos consultados

*Docente, Congresal UTE-CTERA.

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