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martes, 2 de febrero de 2016

Solidaridad y humanidad - Actitudes de izquierda

Autoras/es: Esteban Valenti (*)

Ser de izquierda admite muchas definiciones y polémicas, pero hay algunos rasgos que no deberíamos olvidar con el trascurso del tiempo y de las etapas políticas. Una de ellas, aunque no es exclusiva de la izquierda, debería ser obligatorias para nosotros, es la sensibilidad humanitaria, la solidaridad.

(Fecha original del artículo: Febrero 2016)

No me refiero a los discursos, a las declamaciones, a las palabras, sino a demostrar en los hechos que además de la lucha histórica por la justicia social, por la igualdad de oportunidades, por avanzar hacia formas más democráticas de la distribución de la riqueza y otras muchas otras cosas, que tienen un carácter general, los principios de humanidad y solidaridad deben ser concretos, tangibles y permanentes. Y dedicados a otros seres humanos concretos, con nombre apellido, familia y problemas tangibles que los afectan y no solo al concepto abstracto de la humanidad . A veces los conceptos abstractos han servido para ocultar o maltratar las virtudes básicas de la solidaridad y la fraternidad y otras cuantas cosas.


En estos meses se ha producido una situación muy grave con las inundaciones que afectaron de forma directa a 24.000 uruguayos, hombres, mujeres y muchos niños, sobre todo muchos niños, porque las imágenes no dejaban lugar a dudas. ¿Que hicimos los izquierdistas, los frenteamplistas?

El gobierno nacional y el estado, es decir el Comité de Emergencia, los diversos ministerios en particular el de Defensa y otros, las intendencias departamentales y los municipios, actuaron y enfrentaron la situación, mejor que lo que se hace en muchos países. Aunque en estas emergencias siempre parece poco.

Organizaciones diversas se sumaron al esfuerzo, los boy scouts, la Cruz Roja uruguaya, algunos gremios (muy pocos),  medios de prensa y voluntarios diversos tuvieron un papel destacado en el socorro a las zonas más afectadas. ¿Y nosotros?

No voy a ser yo el que conteste estas incómodas preguntas, las dejo a vuestro criterio y voluntad.

Me voy a formular algunas  preguntas que me incluyen: ¿En otras épocas, los gremios, las asociaciones estudiantiles, en las que hay muchos miles de estudiantes de los departamentos afectados - aunque eso es lo de menos - las juventudes de izquierda, las fuerzas políticas de izquierda que hicimos? ¿Cuál fue nuestro aporte material y simbólico?

¿No nos faltaron en esta oportunidad los básicos, los mínimos reflejos que antaño definieron a la izquierda uruguaya, en particular a sus juventudes?

¿No podíamos organizar una mínima campaña de apoyo a los inundados, recolectando materiales y los que siempre hacer falta para soportar la emergencia y para ayudar a la reconstrucción y sobre todo estar y hacerles sentir que estamos junto a ellos?

¿No deberíamos estar pensando y sobre todo actuando para ayudar ahora, cuando miles de personas vuelven a sus casas o a las ruinas de sus antiguas viviendas? Por ellos y por nosotros.

Es claro que la principal responsabilidad la tiene el estado, la plata, los planes, la coordinación, la mirada institucional concreta y estratégica pero, el voluntariado es además de una ayuda concreta y tangible una gran escuela de solidaridad, de esfuerzo compartido.

No faltarán los que me darán lecciones ideológicas y desde los altos púlpitos de su infalibilidad hablaran de no dar limosnas, de no confundir la lucha revolucionaria con las dávidas. Allá ellos.

La solidaridad es otra de esas palabras que se pronuncia tan fácil como la suma de sus once letras, que adorna cualquier discurso pero que llegado el momento, es dura de practicar, de transformarla en reacciones humanas y políticas.
Comprendo perfectamente que era el mes de diciembre y enero, que son incomodos para este tipo de reacciones, cuando se están planificando o viviendo las bien ganadas vacaciones, pero

No soy un voluntarista, al menos hago los máximos esfuerzos por darle un razonamiento fundamentado a mis opiniones y proyectos, pero si la izquierda uruguaya deglutida por sus altas responsabilidades de ejercer el poder, de ocupar miles de asientos y asientitos del poder y sobre todo de aspirar a ellos, pierde sus reacciones básicas, una actitud que nos define como seres humanos sensibles y solidarios, perdemos lo fundamental.

La solidaridad no es exclusiva de la izquierda, afirmar eso sería de una enorme arrogancia y sería una gran falsedad, pero si puedo decir que una izquierda insolidaria, le falta una pierna y un brazo, los de la izquierda.

Nos enorgullecemos de algunas páginas de nuestra historia, casi siempre asociadas a expresiones de solidaridad con otros pueblos, incluso con algunos compatriotas que fueron a compartir su suerte y su muerte en la defensa de la República Española y nuestras grandes manifestaciones en apoyo a otros pueblos agredidos. Es parte de nuestra mejor historia y de nuestra identidad.
¿Qué queda de todo aquello si ni siquiera nos conmovemos con nuestros compatriotas inundados, desplazados, a los que un desastre natural les destrozó su casa, sus pertenencias y una parte de sus vidas?

¿Qué tiene que pasar para que la sagrada pasión de la solidaridad vuelva a anidar en nuestros corazones, en nuestra alma?
¿El Frente Amplio tan atareado en estos tiempos en múltiples e intensas actividades no debería al menos brindar sus capacidades para organizar a las juventudes de todos los grupos para participar en la solidaridad y en las emergencias?  Aclaro, esta fue la idea de un amigo y compañero, asombrado como yo de nuestra falta de reacciones.

No es solo una reacción colectiva, organizada, tiene que ver con nuestra propia fibra individual, con nuestra sensibilidad, la que está en el origen de nuestra personal identidad de izquierda, de luchadores por un mundo mejor, que no caerá del cielo y de la teoría, que necesita de hombres y mujeres que nos conmovamos con la suerte de nuestros semejantes.

Este llamado un poco pesimista y resignado, que reitero, me incluye, no tiene solo un valor moral, de recuperar una ética elemental de la solidaridad, tiene un sentido ideológico. Son esas las actitudes que permiten balancear la poderosa lima del poder en nuestras cabezas y sobre todo en nuestras almas.

Los discursos no se pueden ni se deben construir solo con palabras, con ideas genéricas y bien intencionadas, sino con hechos, con acciones, con hacer cosas que impacten en la realidad y en nosotros mismos.

No habrá un cambio más profundo, más humano, más sostenible y que vaya al fondo de la convivencia de la sociedad uruguaya, sino cambiamos nosotros mismos. No se le puede reclamar a todos los uruguayos un avance imprescindible y constante en sus formas de convivencia, si nosotros no nos jugamos en concreto por esos cambios culturales y políticos.

Porque de política estamos hablando, también de política. Si la sagrada e irrenunciable tarea de participar en la lucha política ha perdido prestigio y se ahondó la brecha con el conjunto de la sociedad es porque le falta humanidad, le falta solidaridad y de demostrar en los hechos, sacrificios y desinterés. Y eso para la izquierda es muy grave.

Esto también es autocritica.


(*) Periodista, escritor, director de Bitácora y Uypress. Uruguay.

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