miércoles, 16 de marzo de 2011

La experiencia pedagógica peronista (1946-1955): ¿autoritaria o democrática?

Autoras/es: Alicia del C. Iturbe, Stella Maris Torre
La experiencia pedagógica del peronismo ha sido interpretada como autoritaria o democrática esgrimiendo distintos argumentos que justifican y avalan dichas interpretaciones. En este artículo hemos tratado de distinguir tres elementos democratizadores y tres autoritarios del discurso educativo del peronismo, retomando las argumentaciones de algunos historiadores y justificando cada una de las elecciones.
(Fecha original del artículo: Noviembre de 2004)
Antes de identificar los elementos consignados, quisiéramos aclarar la polisemia histórica de las palabra “democracia” y “autoritarismo”. Por lo tanto, nos limitaremos a intentar señalar los elementos “más” o “menos” democráticos en relación a los discursos anteriores y posteriores al peronismo.
A.     Conceptos fundantes
*     “Peronismo”: Es inútil buscar una esencia que justifique el nombre “peronismo”, de encontrar lazos que unen al nombre con elementos de la realidad[1], ya que éste tiene la capacidad fundamental de de construcción de identidad articulando múltiples significados.
El peronismo denomina un tipo de relación de poder[2] y no los contenidos de esa relación, y el lugar en el cual se encuentran las masas populares en la Argentina.
*    Metáfora médica: Perón decía que la sociedad argentina necesitaba de una constitución orgánica de sus fuerzas socio-políticas, para producir la modernización como una nación independiente. Para ello, adoptó el modelo organicista de Estado-Sociedad, caracterizado tanto por el entramado y diversidad de los elementos componentes. El status de ese nuevo orden avanzaría hacia la fundación de una nueva armonía de la cultura, elemento organicista que es muy fuerte en el discurso de Perón[3]. En ellas se destaca el carácter biologicista y la sustitución de la metáfora militar por la metáfora médica. Ambas coincidían en su capacidad ordenadora de las relaciones socio-políticas utilizando el lenguaje de la vida y la muerte, y el poder de manipulación del control técnico-profesional de dicho lenguaje[4].
*    ¿Raza o Conductor?: El paradigma organicista de Perón no es igual al de Busta-mante[5], ni tampoco a las ideas de Leopoldo Lugones[6]. Perón re-significó todos aquellos enunciados, apoyándose en la concepción de estrategia militar de Clausewitz. La guerra es un arte y una ciencia, y las acciones se dan en el teatro de operaciones de los grandes conductores de la historia. Para Perón, las batallas no las gana la superioridad de razas, sino en todo caso el talento del conductor, junto a la eficacia de la técnica castrense y el valor de los combatientes. De allí que el principio de la exclusión racial no ingresará jamás a su concepción sobre la política.
*    Los pactos político-socio-culturales: La demanda de la sociedad implicaba algo más que la suma de respuestas económicas y sociales. Se trataba de una interpelación dirigida al Estado para establecer un nuevo orden que hiciera posible la respuesta organizada al conjunto de aquellas. Esta organización debía articular “lo diferente” en una amalgama que estableciera pactos sociales y culturales entre los sectores que compartieran el proyecto nacional popular. Éstos agruparían de forma inédita a las fuerzas sociales y políticas, muy especialmente por la ruptura del sistema de distinciones político-culturales que se produ-cía[7]. Pero para que este discurso respondiera orgánicamente a la demanda de modernización social en un contexto pleno de resabios arcaicos[8] eran indispensables enunciados doctrinarios y filosóficos que sostuvieran argumentaciones sobre las reformas en la constitución del poder y legitimaran al propio Estado peronista como único sujeto capaz de dar respuesta integral a las grandes mayorías sociales, lo cual se evidencia en la intención fundadora, no meramente reformadora de Perón[9].
B.    La trama educativa
Según lo expresado, los elementos “democratizadores” y “autoritarios” del “discurso” educativo peronista, puede ser identificados analizando el pensamiento de Perón y el de algunos de sus colaboradores, así como sus posibles articulaciones y distinciones:
*     Perón utiliza las referencias a la tradición católica hispanista para llenar una brecha en la trama cultural argentina, tendiendo a la unidad, requiriendo de una amalgama de conceptos universales y reformas sociales concretas para proponer las bases de una dirección política de la sociedad, estableciendo un vínculo discursivo entre el líder y las masas y aportando elementos articuladores de sujetos sociales diversos en la producción de un nuevo sujeto político.
En Perón hay una huella weberiana sobre el rol cohesionante de la religión, y del papel ordenador del sindicalismo. Además, en su formación intelectual se asientan elementos del conservadurismo laico y también del católico. La retórica educacional de Perón buscaba la unidad del sistema educativo y de la pedagogía sobre una base espiritualista.
La influencia los pensamientos italiano, alemán y del catolicismo franquista es evidente en la construcción de la metáfora de la Nueva Argentina[10].Esta utopía se completa con una concepción de universidad asentada sobre la cultura hispánica, como paso previo a ser creadora de cultura, a la par que contribuir al saber científico universal.
Asimismo, para la difusión del peronismo serían necesarios dos clases de hombres: de acción –que realizan la doctrina- y de concepción –que la explican y divulgan-, construyendo un discurso jurídico-político, pero sin pretensión de fundamentaciones últimas (“filosofía pura”).
Es así como, para crear una concepción totalmente propia, una doctrina de base filosófica, enuncia la tercera posición. El tercerismo constituye una operación discursiva permanente y muy importante, donde Perón toma distancia de todas las posiciones filosóficas y políticas e intenta el rescate de elementos que, articulados, le permitan construir un nuevo discurso[11].
*     Ivanisevich era enemigo del reformismo, militante anti-liberal, anti-racionalista y admirador del ejército. Sus planteos son de un marcado fundamentalismo católico que no se encuentra en los discursos de Perón. El elemento organicista se evidencia con una connotación distinta a la del discurso de Perón: aquì la jerarquización entre las personas jugaría un papel importante en la estructuración del organismo social, para que la democracia sea “el gobierno de los mejores”. La base de su organicidad estaba en el “esquema fundamental y constructivo: Hogar, Familia, Patria, Dios”. Divide a la sociedad entre los que quieren a la patria y los apátridas, y afirma que no se puede educar a ambos bandos.
Ivanisevich no apreciaba demasiado la libertad, sustituyéndola por el término “armonía”, la cual denomina una ley natural a seguir por “los cerebros” y las sociedades. Además, hace uso metafórico de algunas imágenes médicas.
*     Arizaga, en cambio, registra un discurso con fuertes influencias escolanovistas, intentando construir una síntesis entre “vida y espíritu”. Interpeló a los docentes, destacando la necesidad de contar con su apoyo para la voluntad reformista “del Gral. Perón”.
La oposición a los normalizadores no surge del discurso peronista, sino que prolonga la vieja disputa de escolanovistas-espiritualistas con el normativismo normalizador-positivista, pero con dos características nuevas: 1) habla con la fuerza del Estado, lo que le posibilita articular el discurso peronista más con el espiritualista que con el positivista o racionalista. 2) la religión, en tanto elemento integrante de la vida real, no puede excluirse de una educación general[12].
El eje pedagógico central de este discurso es el que liga la educación democrática pestalozziana con las experiencias europeas de las Escuelas del Trabajo.En su concepción del sujeto educacional el elemento que más le interesa es el espíritu, alrededor del cual se organizan la formación del hombre nacionalista y la educación para el trabajo, tanto como la redistribución social de la cultura. En síntesis, establece equivalencias entre espíritu/valores nacionales y éticos/desarrollo integral/vitalización y democratización de la vida escolar.
*     Mordeglia posee un discurso cuyo elemento organizador es un catolicismo de tono social. Incorpora el término “popular” en el discurso pedagógico gubernamental pero también amplía la significación del término “lealtad” -creación de bases psicológicas y culturales con intención intimidatoria y represiva-, agregándole la exaltación de las Fuerzas Armadas.
C.    Democracia y Autoritarismo
La articulación entre los elementos descriptos deberían ser confrontadas con la realidad socio-educativa de este período -objetivo éste que entendemos está fuera de la consigna-, ya que encontramos cierta ambigüedad incluso dentro de cada elemento, de los cuales enunciamos:
*     El término “peronismo” como elemento democratizador, identitario y aglutinante de una sociedad igualitaria, está excluyendo al mismo tiempo a los que no se denominan como tales, convirtiéndose en autoritario. Por ejemplo, en “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista” el término “mejor” niega la igualdad proclamada desde la unidad.
*     La metáfora médica, en cambio, es explícitamente autoritaria, ya que reproduce las tácticas escolares normalizadoras de fines del siglo XIX y su capacidad disciplinadora.
*     La exaltación de la figura del conductor, elemento también autoritario, ya que denota una concepción militarista y verticalista del movimiento, máxime cuando asimila al trabajador- peronista a un combatiente: “Perón, Perón, gran conductor, sos el primer trabajador”.
*     Como contrapartida y elemento democratizador, resalta el valor de este combatiente que le ayuda a “ganar la guerra”; también puede considerarse democratizadora la ausencia de discriminación racista en su discurso. Sin embargo, el elemento autoritario aparece cuando también se habla de “apátridas ineducables” al referirse a sus opositores políticos.
*     Los pactos sociales y culturales son un gran elemento democratizador, pero implican la aceptación del proyecto nacional popular peronista.
*     La ruptura del sistema de distinciones político-culturales es un elemento fuertemente democratizador y cabe mencionar que se materializó en el acceso de la clase obrera a la universidad y a “alta cultura”.
*     La unidad del sistema educativo y de la pedagogía, es un elemento democratizador o no de acuerdo a cómo se haya implementado. Las referencias a determinada tradición como factor de unidad y la apelación a principios universales pueden ser considerados autoritarios si, desde la sustitución del término “libertad” por el de armonía de la cultura, desaparecen las “cultura-s”, las identidades.
*     El escolanovismo, y la concepción del sujeto educacional basada en el espíritu, tanto como la redistribución social de la cultura, son fuertes elementos democratizadores.
*     Para caracterizar el tercerismo deberíamos previamente tomar posición sobre si es posible una democracia dentro del capitalismo, entendida tanto en su aspecto formal-constitucional, como desde la dinámica de las interacciones sociales.


[1] programas, situación objetiva, decisión táctica, ideología, mandato de la tierra, de la sangre o del pueblo
[2] organización social a partir de pactos corporativos, la verticalización de las relaciones políticas y la consideración del sentido democrático en una perspectiva sustancialmente plebiscitaria
[3] y lo es también en los discursos pedagógicos de la época
[4] Tal procedimiento había sido fundador del discurso pedagógico hegemónico en la Argentina
[5] Para lograr un equilibrado desarrollo de todos los factores que concurren a la defensa nacional, el vicealmirante Bustamante, influido por las ideas de Le Bon, se enfocó en la contención, organización y educación de las masas. Le Bon consideraba que las multitudes son guiadas por un inevitable instinto que obedece a las leyes de la raza, la cual esconde residuos del pasado, inconscientes, que determinan la semejanza entre los individuos de un mismo grupo racial. Pero el “crisol de razas” no se fundiría en una forma única superior, sino que surgiría el “alma de la raza” adormecida, o sea, la de nuestras tradiciones heroicas, la del amor a la patria y a la libertad, desarrollando nuestro potencial humano como condición para la seguridad del país.
[6] , que proclamaba la llegada de la “hora de la espada” como método imprescindible para frenar la “rebelión de las masas”.
[7] Por ejemplo, la nueva legislación laboral puso en tela de juicio viejos rituales político-culturales y sustituyó los mitos de la República oligárquica por la mitología nacionalista popular.
[8] la Iglesia conservadora, el atraso en las costumbres, la exclusión de los derechos políticos de la mujer, un sistema educativo que no capacitaba para el trabajo
[9] Esta intención está siempre presente en sus discursos, aunque las políticas peronistas no transformaran la estructura económica y fueran reformistas en lo social, pero sí demostraron su capacidad de construir hegemonía.
[10] posibilidad de hacer resurgir del atraso a nuevos Estados-Naciones
[11] Tomemos como ilustración, dos discursos de Perón pronunciados en noviembre de 1946: El primero, a los trabajadores en el Teatro Colón, Perón afirma: “Los partidos totalitarios realizaban toda su obra para la guerra y nosotros estamos realizando toda nuestra obra para la paz”, y además señalando que su movimiento “rechazaba tanto el "régimen capitalista" como el "estatal puro". También habló de un nuevo sistema, “que hemos de ir tanteando -apuntó- empíricamente para entrar en él”. Dos días después, en el mismo escenario, se dirigió a los industriales y en la parte medular de su discurso Perón manifestó: “Parecería que una tercera concepción pudiera conformar una solución aceptable, por la cual no se llegaría al absolutismo estatal, ni se podría volver al individualismo absoluto del régimen anterior. Será una combinación armónica y equilibrada de las fuerzas que representan al Estado moderno para evitar la lucha y el aniquilamiento de una de esas fuerzas, tratando de conciliarlas, de unirlas y de ponerlas en marcha paralela para poder conformar un Estado en el cual, armónicamente, el Estado, las fuerzas del capital y las fuerzas del trabajo, combinadas inteligente y armoniosamente, se pusieran a construir el destino común con beneficio para las tres fuerzas y sin perjuicio para ninguna de ellas”.
[12] armónica, integra y pública; religión y moral deben suscitar en los niños el bien y lo sagrado